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Periodistas: El arte de ser incómodos

Tesis y Antítesis

Actualidad e historia. La visión de un ciudadano y periodista sobre el día a día de Venezuela. Algo del pasado, mucho del presente y no poco sobre el futuro. Los acontecimientos pasan, parecen repetirse, y el aprendizaje queda pendiente… A veces nada queda.

En tiempos de entreguismo y posturas acomodaticias, esta profesión es una proeza

Cuando me toca hablar de esta profesión, pero con mis alumnos, salta la tentación de decirles ¿para qué? Sin duda el periodismo no atraviesa un halagador momento en la Venezuela presente. Cierre y compra de medios, intolerencia, persecución, censura, autocensura y presiones de todo tipo hacen de esta labor un titánico desafío.

En la calle me dicen que la primera lección que debo dar a esos jóvenes que recibo en las aulas de la Universidad Católica Andrés Bello es pedirles que cambien de carrera y, de  ñapa, que se larguen del país. “¿Estás loco, cómo vas a incentivar a un muchachito que sea periodista en esta época?”. La expresión en la calle, aunque pueda sonar algo impertinente, sin duda refleja los tiempos que corren. La gente no es tan caída de la mata como piensa el poder, y siente el blackout que crece día a día.
Como hemos señalado en reiteradas ocasiones en esta misma tribuna: la hipersensibilidad a la crítica, el tabú a la “realidad”, la fobia a la verdad, es directamente proporcional a la pérdida de popularidad, confianza y respaldo popular, en medio de un apocalíptico panorama por los cuatro puntos cardinales. Y no hay mesias ni caudillo carismático que amortigüe la arrechera colectiva.

Pero las coyunturas no determinan los principios, sino que los ponen a prueba y sirven para reinventar estrategias para una eficiente aplicación. No puedo enseñarles a mis alumnos a renunciar, desfallecer y a entregarse. Impropio es formar relacionistas públicos, propagandistas tarifados, divorciados de la sociedad que necesita de su trabajo honesto.

Nos toca formar en las aulas verdaderos profesionales, no aduladores de oficio

El periodista no es un adulador, es ese incómodo cuestionador permamente que cumple la orwelliana premisa que nos lleva a tener como positivo divulgar aquello que alguno o un sector se empeña en ocultar.

La maquiavélica estrategia de la polarización, muy bien pensada, diseñada y trabajada como principal arma para el rédito político-electoral, también se convirtió en un tsunami que se llevó por delante al periodismo. Nadie niega los problemas, trabas, presiones y obstáculos que el gremio vivió de 1999 “hacia atrás”. Pero tampoco se puede negar que en una misma redacción nos sentábamos y compartíamos verdes, blancos, azules, rojos…

El único interés era el periodismo. Hoy en día desde los premios y condecoraciones tiene esa cancerígena etiqueta. Se sabe de antemano a quienes distinguirá una institución u otra, dependiendo del color que enarbole. Aún así debemos estar por encima de todo ello. El periodista no está para otro halago que el de su propia conciencia. No debemos hacer nuestro trabajo porque tal o cual fuente es la que ofrece los mejores agasajos, o la de los mejores regalitos de fin de año. La mejor retribución que debe esperar un comunicador es el trabajo bien hecho, responsable y útil para cientos, miles o millones de seres humanos.

Y claro, nunca está de más hoy, 27 de junio una calurosa felicitación en nuestro Día. Más que suficiente, y a seguir trabajando.

Link: http://www.jepaezpumar.blogspot.com/2015/06/periodistas-el-arte-de-ser-incomodos.html?m=1 

(PUBLICADO EL SÁBADO 27 DE JUNIO DE 2015 EN LA PÁGINA 10 DE DIARIO 2001)

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