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Día Nacional del Periodista | #27Junio | Confesionario: Reporteros se descubren en peligro

En clave confesional, los corresponsales de IPYS Venezuela nos revelan cómo se sobrevive la calle en tiempos de protestas. En el marco del Día Nacional del Periodista, entregamos a nuestros reporteros el compromiso de relatarnos sus experiencias de trabajo y sentimientos más íntimos sobre su oficio

Lorena Arráiz | “Un día un policía la apuntó en la cabeza”

Táchira
Sale a la calle. Procuro no saber cuál es su pauta, pero si hay alguna confrontación salto a averiguar si ella está ahí. Reviso su Twitter para monitorear si ha escrito, lo cual es un indicio de que “todo está bien”. Evito llamarla, y mil veces y un poco más, la pongo en manos de Dios.

La otra vez pateó una bomba lacrimógena, también ha llegado con los ojos llorosos y el rostro rojo, por lidiar con estos gases durante una cobertura periodística. Un día un policía la apuntó en la cabeza. Ella lleva un micrófono, una cámara, un chaleco y una máscara anti gas y yo, insisto, le asigno guardaespaldas celestiales. Es cautelosa, no se expone, pero para mí no es suficiente.

Este es mi día como la madre de una joven reportera de la Televisora del Táchira, El Pitazo y VPI, en un país donde las fuerzas de seguridad están ensañadas contra los representantes de los medios de comunicación. Soy periodista y conozco los riesgos de esta profesión, pero también soy la mamá de una colega, y cuando el teléfono muestra su nombre para decirme que “todo está bien”, yo siento que respiro.

Nayrobis Rodríguez | “Nunca antes un teléfono inteligente en manos de periodistas había sido tan peligroso para el poder”

Sucre
Cada vez son más las restricciones y más los mecanismos para estar alertas cuando salgo a la calle a lo único que verdaderamente quiero hacer: informar. He pasado de ir en la parte frontal de una marcha para poder hacer buenas fotos a correr mientras lanzan piedras en una manifestación, o tomar imágenes y videos escondida, mientras lanzan perdigones a estudiantes.

Nunca antes un teléfono inteligente en manos de periodistas había sido tan peligroso para el poder como ahora. Tomar una foto puede traducirse en presión por parte de funcionarios para que borres el trabajo realizado, una amenaza de detención, una acción para quitarte el teléfono, o dañarlo. No hay manera de protegerse de ello, lo único que queda es trabajar, afrontar la situación cuando ocurra y denunciar. Insistentemente, denunciar.

La vida cambia, la forma de ver el periodismo también. Ante tantas restricciones y violencia uno valora más cada reporte, cada foto o video y cada nota publicada. Pero también sientes más necesidad de trabajar y de poner a resguardo a los tuyos, de no exponerlos y mantenerlos alejados de lo que haces a diario. Lo único que se puede hacer es seguir estando en el lugar donde corresponde, ayudando a que quienes tienen  algo que decir, informar y denunciar, sean escuchados. Lo único que queda es hacer más periodismo.

Alba Ysabel Perdomo | “Ahora empleamos palabras de guerra y usamos cascos y chaleco”

Bolívar
Hacer periodismo en Venezuela hoy día nos ha graduado de corresponsales de guerra, sin estar en un conflicto bélico. Ahora empleamos palabras de guerra y usamos cascos y chalecos, llevamos agua de bicarbonato en la cartera y avisamos a otras personas a dónde vamos a estar y a quién deben llamar si no nos reportamos en el momento fijado. Seguimos haciendo periodismo desde la indignación, desde el sentimiento, desde el ansia de saber la verdad y de que ésta se vea replicada.

Cada vez que estoy frente al micrófono de la radio pienso cómo decir la palabra justa en el momento justo. Y me esfuerzo para ser claridad en un momento de imprecisiones. Me esmero en practicar lo que predico, ser justa y ser real.

Un agravante de esta cruda  realidad ha sido para mí la prisión de mis alumnos y mis compañeros de la UCAB. Es duro reportar casos de periodistas que no conoces y mucho más hacerlo sobre personas a las que quieres.

En mis 20 años de hacer diarismo nunca había recibido una avalancha tal de malas noticias, que crecen como hongos, tiñendo mi bandera de sangre y de dolor.

Pero esa oscuridad hace que comprenda que la palabra es la luz, la verdad es el norte, la justicia es la esperanza. Seguiré levantándome todas las mañanas buscando inspiración, persiguiendo la verdad, amarrando la musa para que se quede a mi lado, y trazando el norte en la defensa de los derechos humanos, y sobre todo el más apreciado para mi: la libertad de decir, pensar y expresarnos como queramos.

Ronny Rodríguez | “Mis principios están primero que las amenazas e intentos de amedrentar”

Monagas
Todos los días me levanto con la preocupación de lo que ocurrirá en el país. En cada protesta, en cada ciudad y cómo los periodistas debemos darle cobertura al conflicto que se agudiza en nuestro por las posiciones hasta ahora irreconciliables entre quienes se quieren mantener en el poder a toda costa, y quienes tratan de impedirlo.

Maturín es una ciudad en donde la protesta se ha desarrollado en calma, si se compara con otras ciudades donde ha habido cientos de heridos, fallecidos, y periodistas y trabajadores de la prensa en general, agredidos. En estos casi tres meses de manifestaciones, gracias a las redes sociales y los grupos nacionales de colegas comprometidos con el oficio, hemos podido informar en tiempo real lo que ocurre en el país.

El 19 de abril, cuando hubo la represión más fuerte contra los manifestantes en Maturín, estuve en la cobertura del lado de los estudiantes que se enfrentaban a los cuerpos de seguridad. Hubo bombas lacrimógenas, perdigones y ballena. Me tocó correr cuando fueron avanzando policía y guardia nacional. Casi me caigo al chocar con un manifestante, un cartucho de gases lacrimógenos cayó en mis pies, pero afortunadamente no pasó a mayores.

La cobertura de la información dio pie a que voceros del oficialismo, entre ellos diputados, nos tildaran de escuálidos describir lo que vimos. En Monagas estas acusaciones contra los periodistas han sido una constante de los gobernantes en los últimos 13 años, pero la profesión que escogí y mis principios están primero que las amenazas e intentos de amedrentar.

Luis Alejandro Borrero | “Nos hemos convertido en blanco de ataques”

Carabobo

Ser periodista, pero sobre todo, pertenecer a una organización como Ipys Venezuela, es sentirse doblemente útil. Es un honor tremendo. Te permite potenciar el efecto multiplicador de los mensajes a través de plataformas de mucha credibilidad y altura. Los trabajos periodísticos desarrollados a escala nacional, con la colaboración de los corresponsales, son un valor agregado para las audiencias y les ofrece una visión general del país que somos. Esta organización, sin duda alguna, es fundamental para el ejercicio democrático del país.

Nada de lo que estamos viviendo, tanto conflicto, se aprende a cubrir desde las universidades. Ha sido, gracias al apoyo de organizaciones muy valiosas, como Ipys Venezuela, que he podido formarme y transmitir a mis colegas nociones básicas sobre protección personal en las calles, en manifestaciones públicas, y de altísima tensión. A pesar de las más 300 agresiones que hemos sufrido como gremio desde que iniciaron las protestas antigubernamentales, de no ser por la capacitación que ofrecen estas organizaciones, podríamos estar hablando de muchos más colegas afectados. Es urgente que pare el asedio contra la prensa libre.

En Carabobo se contabilizan al menos 15 casos de asedio contra periodistas y medios en menos de tres meses. Nuestros colegas de la región central han sido vilipendiados por cuerpos de seguridad y manifestantes. Han sido apuntados, amenazados. La cobertura de los conflictos es cada vez más complicada, porque no solamente hay que sortear los cercos informativos que dificultan la cobertura, como la negación de acceso a ciertos lugares, sino, peor aún, nos hemos convertido en blanco de ataques. Nosotros y nuestros equipos, cada vez más en riesgo de sufrir decomisos arbitrarios, robos o destrozos.
La investigación, un eje de acción de Ipys, es la herramienta más poderosa que tiene el periodismo contra la censura. La necesidad del Gobierno de callar a la prensa libre no ha hecho más que despertar en todos nosotros un espíritu combativo para salir en defensa de esta profesión maravillosa. De poner a la gente y sus necesidades en primer lugar y decirle al mundo lo que está pasando. Por eso, en este día del periodista, me siento muy orgulloso de pertenecer a Ipys. Sigamos adelante.

Adriana Pérez Gilson | “Uno se pregunta si está haciendo todo lo que puede”

Falcón

Estar en todos los lugares a la vez, porque las protestas se generan en varias partes al mismo tiempo, y garantizar la cobertura de todos los puntos de vista, ha sido cuesta arriba por las limitaciones de tiempo y de la cantidad de personas en el equipo de trabajo.  

Varios días tuvimos que andar sin camisas ni carnets de identificación del medio pues muchas personas agredían verbalmente a los trabajadores del diario Nuevo Día por su línea editorial pro gobierno. Creo que, profesionalmente hablando, ha sido uno de los más grandes retos demostrar que pese a tales posturas empresariales, en las páginas internas, garantizamos la mayor equidad y pluralidad informativa, no ha habido censura, aunque sí hay una presión sigilosa sobre todo desde factores externos, pero hacerle frente es parte del trabajo que nos toca.

Una se pregunta si está haciendo todo lo que puede, o en su defecto, si lo que estamos haciendo es útil o pertinente, hay días en que es difícil soportar esos cuestionamientos. Recordar la esencia de esta profesión y buscar el apoyo de colegas ha sido una forma de protección personal y sobre todo emocional, aprender a sobrellevar la tensión y tristeza del momento y asimilar que recabar datos y testimonios es un aporte sustancial para que podamos reflexionar como sociedad.

Jhonathan Raúl Segovia |“Hemos llegado a decir que la vida no vale una foto”

Trujillo

El ejercicio del periodismo en Trujillo no escapa a los riesgos. La conflictividad social, política y jurídica me ha obligado a apelar a medidas de seguridad para evitar ser víctima de los grupos de choque que temen quedar al descubierto en sus acciones ilícitas. Salgo a las pautas de protestas sin identificación y me incorporo a la cobertura como uno más que mira los hechos de cerca. Hoy es difícil ejercer plenamente la profesión de periodista, sin contar los expuesto que estamos ante la delincuencia cuando sacamos nuestros equipos tecnológicos para cubrir un evento.

La cobertura noticiosa de los últimos ocho meses se ha convertido es una tarea de alto riesgo, ruda, con la amenaza latente de quedar en la línea de fuego. Nada es fácil, todo cuesta, sin contar con el hecho de que escribir puede desencadenar líos posteriores. Otro de los puntos es la falta de equipos de protección, no tenemos herramientas que nos permitan salir con algo de seguridad . Los periodistas en Trujillo nos encomendamos a Dios para salir a una calle peligrosa, violenta que, en algunos casos, nos exige voltear la mirada y contar la historia sin ningún registro gráfico para evitar un problema. Hemos llegado a decir que la vida no vale una foto.

Andrés Astudillo |“Donde el país nos necesite, el periodismo existirá”

Anzoátegui

Creo que la mejor manera de protegerme es tener claro de que estoy del lado correcto: el periodismo. Contar estas historias servirá para que las futuras generaciones entiendan qué tan importante fue el trabajo de calle en tiempos de represión y de condena al ejercicio libre del periodismo.

Yo estoy en una oficina, mientras muchos de mis compañeros andan con los cascos y los chalecos puestos reportando lo que yo quisiera narrar. Pero aquí los espero todas las tardes para escucharlos, para buscar el espacio -llevados por los principios periodísticos- y esperando el otro día, presto a informar. Cuidarse y cuidarlos es una premisa que tenemos en Anzoátegui, donde la cobertura ha sido diaria. Donde el país nos necesite, el periodismo existirá.

Keren Torres | “Escuchar a personas detenidas, torturadas, familiares que han perdido un ser querido”

Lara

El horario del periodista -que no existe- ha hecho que la cotidianidad cambie. Las historias de represión y asesinatos durante las manifestaciones deben ser narradas por nosotros para informar de la manera más veraz lo que sucede a diario. Esto conlleva no solo más trabajo, en tanto la cantidad de situaciones que se presentan, sino también a un desgaste emocional frente a tantas agresiones. Escuchar de primera mano testimonios de personas detenidas, torturadas, y familiares que han perdido un ser querido.

Las historias que deben ser contadas se han multiplicado, y no podemos hacernos a un lado, sobre todo porque son pocos medios los que reflejan esta realidad que se vive en las calles. La autocensura no está permitida, es el momento de estar en los sitios y dar a conocer con detalles lo que sucede, desde las perspectiva de todos los implicados.

Somos parte de la historia de Venezuela, y por ello debemos sentirnos orgullosos de estar ahí para contarla.

Ailyn Hidalgo | “El carnet sirve más para que te señalen, que para lograr el paso”

Trujillo

Una nueva página en blanco, una lista de pauta más amplia, otro día en que pesan más las noticias negativas. Pero a la par un reto más por escribir, un aporte más reseñado y un periodismo que construye pese a las tantas dificultades. Aquí se acabó el uso del uniforme sin que te miren raro y el carnet sirve más para que te señalen, que para lograr el paso. Aún así, respiro periodismo, por Venezuela y por mi tierra.

A la hora de buscar noticias, salir a la calle a reportar y proteger los equipos, mi brazo izquierdo se volvió  mi mejor aliado. Allí, debajo del brazo, entre la blusa y una chaqueta guardo mi celular, el fiel amigo que registra las fotografías y datos de cada noticia. En ese lugar pasa desapercibido, no corre riesgo y se guarda fácil. Y cuando quiero que sepan que soy periodista, solo dispongo de mi agenda en mano, lapicero atento a apuntar y listo, que comiencen los relatos.

En protestas, marchas e instituciones donde nos restringen el acceso, el procedimiento es el mismo. Mantener la calma, concentrarse en el objetivo,(usar botas para correr), llevar un registro que proporcione evidencia de lo ocurrido salvaguardando la vida, pues ante todo queremos ser quienes transmiten la noticia, y no ser noticia. Somos servidores públicos, no protagonistas.

Ana Karolina Mendoza P. | “Una cualidad del periodismo, la trascendencia”

Zulia

Practicar el periodismo es una responsabilidad y un compromiso que siento y que tengo con la vida. Es servicio.Una cualidad del periodismo, la trascendencia.

Lo defiendo. No permito que lo utilicen para vanaglorias ni para procederes turbios. Por eso exhorto a los compañeros de este noble oficio a que no caigamos en la trampa de “la situación país” en la que, en muchas ocasiones, se usa al periodismo como un escudo para intereses particulares.

Honrémosle, actuando con sentido común, con cabalidad y con ética. Con pertenencia.

Clavel Rangel | “En los días de indignación, el ejercicio periodístico parece insuficiente”

Bolívar
Alterno la participación en las marchas con la participación en grupos de discusión de coyuntura. No es un escape, pero sí una manera de intentar ampliar la mirada sobre lo que ocurre en el país. Hay días de profunda tristeza y otros de profunda esperanza. En los días de indignación, el ejercicio periodístico parece insuficiente para la honda crisis que vivimos. Me interpela a diario saber si estoy haciendo lo justo, lo necesario. Todo parece poco en medio de esta crisis. No tengo equipos de protección, pero de tenerlos también sentiría que son insuficientes cuando el riesgo es la libertad. Hemos visto decenas de detenciones,  robos y agresiones a trabajadores debidamente protegidos e identificados. No hay garantías de nada. Estar en la calle, simplemente estar, observar la cotidianidad, es un ejercicio interesante que muestra a diario múltiples formas de resistencia a la adversidad y que sucede en paralelo a la protesta.

Luis Javier Bazán | “Un teléfono con acceso a twitter o Instagram, puede ser más poderoso que el explosivo C4”

Portuguesa
Nunca pensé revivir las oscuras historias del pasado. Mi padre, un periodista empírico que a sus 85 años se mantiene activo escribiendo en el Diario Últimas Hora de Acarigua, me contaba de niño lo difícil que fue para él ejercer en la época de los años 50. Hacía radio, y le publicaban notas en semanarios de la zona. Por la AM será Luis Bazán García y en los impresos utilizaba cualquier seudónimo. Por supuesto, dos personas, dos nombres, dos visiones: uno utilizaba el periodismo inteligente para informar mientras que el otro actuaba como subversivo contra la dictadura. Nunca lo descubrieron. Y vive para recordarlo.

Hoy, 60 años después; vivimos un paralelismo. Es una profesión de riesgo en la que un teléfono con acceso a twitter o Instagram, puede ser más poderoso que el explosivo C4. Jamás pensé que me harían “revisión de rutina” al intentar acceder a la morgue del hospital, o que me impidiesen acceso a la oficina de prensa de la Cámara Municipal en Páez (Acarigua). Incluso, jamás pensé que el dueño de las tres emisoras en las que acudía a realizar entrevistas en los foros semanales a los políticos me dijese un día “no seas tan duro. Recuerda que Conatel nos tiene en la mira”, una frase que antecedió a la final “chamo, luego te llamo cuando retomemos luego los foros. Es que mientras seas tú el que entrevista, no podemos salir al aire con ese espacio”. Era evidente la censura.

Mi padre me lo había advertido, porque así mismo le ocurrió a él 60 años antes, pero con la diferencia que en aquel momento había una dictadura abierta y ahora, vivimos en una disfrazada.

En Acarigua y, como en toda Venezuela, pasamos de ser intelectuales respetados a delincuentes y difamadores, incluso, ahora que te llamen palangrista pudiera ser una halago frente a los tantos eufemismos en los cuales hoy día se define al periodista.

Pese a todas las adversidades, mientras más cierren puertas o accesos a una fuente, se abren ventanas de motivación para profundizar más en el hecho informativo. En mis más de 15 años de ejercicio profesional, jamás he claudicado en los valores que sembró mi padre como mi principal mentor en esta profesión. Seguimos en la misma trinchera: informar por encima de todo.

 

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