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El mayor hospital de Catia, en Caracas, tiene cerrado parte del servicio de neonatología

El gremio de neonatólogos,               en desaparición

El hospital público de Los Magallanes de Catia –cuyo nombre formal es Hospital General del Oeste Doctor José Gregorio Hernández– sirve a la parroquia más poblada de Caracas. Una cadena y un candado sellaron por más de cuatro años las puertas de la Unidad de Terapia Intensiva Neonatal de la institución. El motivo de la clausura quedó escrito en la entrada: falta de médicos pediatras neonatólogos. La carencia de vocaciones para el estudio de la especialidad también puso fin al postgrado que se impartía en el centro de salud, debido a que la plataforma docente resultaba incompleta. La última cohorte, del período 2010-2012, egresó a seis neonatólogos, que después se marcharon a laborar en otras instituciones. La unidad quedó sin generación de relevo y fue cerrada: en su interior quedaron en desuso decenas de equipos de atención neonatal adquiridos gracias a un convenio firmado por el Ministerio de Salud con el fabricante Medix en el marco de un convenio bilateral Venezuela-Argentina.

Galería. La Unidad de Terapia Intensiva Neonatal del hospital de Los Magallanes carece de médicos

La mañana del 20 de febrero de 2017 la instalación abrió nuevamente sus puertas a dos técnicos que acudieron a revisar los aparatos. Los expertos -enviados ante la renovación retrasada de un contrato de mantenimiento preventivo y correctivo- inspeccionaron incubadoras, ventiladores, monitores y otros dispositivos para cuidados intensivos. La existencia del conjunto de equipos pudo ser constatada en una visita al hospital realizada para este trabajo ejecutado por Ipys en alianza con El Pitazo. Según se supo entonces, los dispositivos serían mantenidos en la institución a la espera de la eventual contratación de personal para usarlos.

Mientras el país recibía más de 12.300 equipos obstétricos y neonatales entre 2005 y 2010, otro fenónemo ocurría y vaciaba a los hospitales: la reducción del número de médicos neonatales.  Manuel Jiménez, entonces presidente de la Sociedad Venezolana de Neonatología, advirtió en 2008 que el país presentaba un déficit aproximado de 10.000 profesionales frente a los más de 500.000 nacidos vivos de entonces. Desde 2009, el número de aspirantes para cursar esa especialidad pediátrica empezó a descender, y aquella sociedad gremial incluso desapareció entre razones difusas. Los neonatólogos pasaron a asociarse como un capítulo dentro de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría. La profesión entraba en peligro de extinción y con ella los servicios de cuidados intensivos para los recién nacidos venezolanos.

Formación intensiva
La bomba de tiempo estalló precisamente en el primer centro equipado por el convenio. La Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales de la Maternidad Concepción Palacios permaneció cerrada por más de tres años al no contar con médicos neonatólogos. Fue en 2014 cuando el entonces director de la maternidad, José Luis Odreman, anunció la activación de cuatro cupos para atender a los recién nacidos con condiciones graves.

La reapertura estuvo encabezada por Rosalinda Prieto, pediatra intensivista y neonatóloga, quien puso en marcha un programa de formación con flexibilidades cuestionadas por otros colegas: admitió personal médico formado en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba y en las cátedras de Medicina Integral Comunitaria impartida en Venezuela. Suprimió el requisito tradicional de un postgrado previo en Pediatría y Puericultura como una exigencia laboral.

El trabajo de neonatología, especialidad encargada de los bebés en sus primeros 28 días de vida, había exigido hasta entonces una carrera de Medicina –con título de médico cirujano, a diferencia de los graduados en Medicina Integral Comunitaria formados en medicina preventiva– y una especialización de tres años en Pediatría y Puericultura. “Cuando yo llegué, encontré neonatólogos pero distribuidos en otras áreas del hospital, y encontré unos residentes que ya llevaban dos años haciendo el postgrado de Neonatología pero no tenían, por estar la terapia cerrada, ningún tipo de entrenamiento en cuidados intensivos”, relata Prieto cuando se le consulta. “Durante un año le di entrenamiento a ese grupo, abrimos la terapia intensiva poco después y aparte de ellos ingresó otro conjunto de médicos que recibió un año de formación básica y después pasaron a hacer la residencia en neonatología”.

La alternativa académica fue avalada por la Universidad Central de Venezuela como una medida frente a “especialidades críticas con escasos o ningún aspirante”, de acuerdo a lo registrado en las actas del Consejo de la Facultad de Medicina de esa casa de estudios. “Esos médicos no tienen formación. Sólo les dan un módulo de pediatría y pasan a hacer medicina crítica neonatal”, reclama Rosendo Ardila, uno de los fundadores del servicio de Neonatología del Hospital Universitario de Caracas, donde imparte clases de postgrado. La Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría también desarrolla una alternativa educativa desde 2015 en alianza con el Ministerio de Salud y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, para la realización de talleres de protocolos de atención neonatal en el país: es una alternativa pedagógica también surgida de un contexto de carencias.

La Fundación de la Universidad de Carabobo además tiene desde 2010 una oferta de formación rápida, a través del Diplomado en Cuidados Intensivos Neonatales, de cinco meses de duración y con un promedio de 35 egresados por cohorte. Jhonny Márquez, coordinador del diplomado de la fundación, también es fundador de la Red Venezolana de Enfermería Neonatal. Según explica, los interesados en el programa que lidera buscan un periodo de estudio más corto, en comparación con los dos años del postgrado de Neonatología, que deben ser cursados con dedicación exclusiva bajo el pago del Ministerio de Salud: “No todos logran mantenerse ese tiempo con ese único ingreso”. Los neonatólogos coinciden en que la remuneración después de graduados tampoco es atractiva, y por eso, dice Prieto, muchos médicos optan por las carreras quirúrgicas, que ofrecen mayores beneficios económicos.

Ardila atribuye la baja demanda a las condiciones inadecuadas de trabajo en los centros públicos de salud: “Los hospitales están en el suelo porque están desvalijados. Aquellos que están dotados no gozan del mantenimiento preventivo adecuado y porque aquellos que gozan del mantenimiento tienen una demanda que supera la oferta”.

Hay un reconocimiento común del ‘ruleteo’ –término usado cuando refieren a un paciente de un centro asistencial a otro– por parte de jefes de servicios de neonatología. Los bebés que, por ejemplo, nacen en estado muy crítico en el hospital de Los Magallanes de Catia, carente de unidad de terapia intensiva, son referidos al hospital Miguel Pérez Carreño o a la Maternidad Santa Ana, ambos adscritos al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales y mejores equipados que el resto de la oferta pública capitalina en materia de neonatología.

El cierre de servicios neonatales, de forma temporal o permanente, es una dificultad que afecta a las instituciones ministeriales. En agosto de 2016, por ejemplo, María de Fátima Lourenco, jefa del servicio de Neonatología del Hospital Victorino Santaella de Los Teques, emitió un comunicado para notificar el cierre parcial y temporal de la Unidad de Terapia Neonatal. El documento enumeraba motivos: fallas de infraestructura, falta de insumos médicos, falta de antibióticos, falta de materiales de limpieza, falta de papelería y, desde luego, falta de especialistas, residentes y enfermeras.

Otras dos unidades de cuidados intensivos neonatales también cesaron sus funciones en la atención pública en Caracas además de la de Los Magallanes de Catia: una en el hospital José Ignacio Baldó (popularmente conocido como El Algodonal) y la otra en el hospital Jesús Yerena (conocido como Lídice). Sus clausuras estuvieron relacionadas a fallas en el servicio hermano de obstetricia. Con la atención de menos partos complejos intramuros, el servicio de medicina crítica se debilitó de acuerdo con las fuentes consultadas para este trabajo.

El gremio de los enfermeros neonatales, no obstante, contrario a la tendencia de los neonatólogos, busca expansión. Lo reafirma la Red Venezolana de Enfermería Neonatal, que maneja un grupo en la aplicación WhatsApp de mensajería móvil, autodenominado como el más grande de Latinoamérica sobre Neonatología, con más de 250 miembros. Fue activado el 19 de octubre de 2015, a pocos días de que, en las altas esferas del Estado, el Ministerio de Salud firmara un contrato millonario para retomar las labores de mantenimiento de salas neonatales de todo el país, que después no se cumplió. Las normas son estas: el chat es exclusivamente para tocar temas de neonatología y del lactante menor, está terminantemente prohibido hablar de política, religión y enviar cadenas, y el horario de interacción es hasta las 8:00 de la noche.

El auditorio del Hospital José Manuel de Los Ríos, principal centro pediátrico del país, fue su primer punto de encuentro de este año, con el “Primer Conversatorio del Uso del Monitor en Neonatología”, el 10 de febrero de 2017. En el conversatorio, el expositor retrató una realidad: “Les damos esta información de forma desinteresada, gratuita, para que la lleven a sus unidades. Todos aquí sabemos que los que trabajamos en neonatología no lo hacemos por la remuneración”. Y, en el ejército que trabaja en el área, la falta de médicos especializados es uno de los grandes problemas.

3 thoughts on “

  1. Muy buen material revisión detallada y minuciosa, forma parte del diagnóstico de salud y del acervo histórico de nuestro sistema sanitario y las políticas de salud con sus programas y servicios.

    Felicitaciones al equipo!!!!!!
    Alejandro Rísquez

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