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Las redes sociales de Prepara Familia muestran las donaciones al principal centro pediátrico del país

El hambre no los deja indiferentes

La Fundación Prepara Familia ha funcionado desde 2008 en la sede del Hospital J.M. de los Ríos en San Bernardino, el mayor centro público de atención pediátrica de Venezuela. Sus integrantes se dedicaban principalmente a apoyar a las madres de niños hospitalizados con talleres y recolección donaciones de ropa y medicamentos, pero a partir del año pasado advirtieron de un cambio en el entorno que les obligó a asumir una función tan novedosa como innecesaria en un pasado no muy lejano: proveer alimentos para los bebés y niños hospitalizados en la institución.

El salto del número de casos de pacientes gravemente desnutridos en el centro de salud pública fue una de las pistas que les hizo replantearse su misión. La cantidad de afectados por la enfermedad casi triplicó en 2016 los casos registrados en años anteriores y desde entonces el repunte ha causado preocupación en el personal de la institución. El fenómeno, desde luego, no se limita a ese centro sino que se ha extendido.

El servicio de nutrición del hospital José Manual de Los Ríos fue de los primeros en advertir el repunte

“Comenzamos a pedir donaciones para las comidas de los niños y nos aliamos con el grupo social Cesap para comprar alimentos que faltan en el hospital”, dice Katherine Martínez, directora de la fundación. En un día rutinario, los integrantes de la organización civil, constituida principalmente por mujeres voluntarias de la zona, se dedican a gestionar un centro de acopio para captar recursos de todo tipo requeridos por los pacientes pediátricos. Además mantienen un fondo para cubrir los costos de exámenes médicos de los más necesitados. Los problemas para la dotación de alimentos en el J.M. de los Ríos han sido referenciados en numerosas oportunidades entre el  año pasado y el presente. Situaciones como la interrupción del contrato con la empresa encargada de las preparación de alimentos y la carencia de una cocina propia se ventilaron en meses recientes. Incluso, en junio de 2016, Tarek William Saab, defensor del Pueblo, reconoció las fallas en el suministro. “Hay un compromiso formal de resolver el abastecimiento y la dotación alimentaria en el tiempo oportuno”.

La situación no ha sido exclusiva de esa institución. Una evaluación realizada en 2016 por corresponsales de Ipys Venezuela arrojó como resultado que los servicios de alimentación asociados a la atención pediátrica de 13 grandes hospitales públicos del país habían presentado interrupciones durante los 12 meses previos. Una conclusión semejante se obtuvo en la más reciente Encuesta Nacional de Hospitales, realizada por la organización Médicos por la Salud y la Subcomisión de Salud de la Asamblea Nacional. La consulta evidenció que problemas de suministro de alimentos se habían presentado en 85 por ciento en los 92 centros estatales que fueron incluidos en la muestra.  Las protestas a raíz de esa situación incluso estallaron en algunos de ellos. En el Hospital Clínico Universitario, por ejemplo, los pacientes manifestaron por las limitadas raciones que recibían y empleados de la cocina, que había sido inaugurada en 2013 con el rótulo de ser la más grande de Venezuela, admitieron a periodistas del portal Crónica Uno que no contaban con insumos suficientes para adecuar las dietas a las necesidades específicas de cada paciente. Una declaración semejante la ofreció Yaneth Toro, jefa del servicio de nutrición del Hospital Ruiz y Páez de Bolívar, a periodistas que participaron en este trabajo. Según dijo en enero pasado, los pacientes de la institución nunca les faltaba comida, pero que la que les ofrecían no siempre cubría las cuotas de calorías mínimas necesarias: “No es lo más acorde debido a los altos costos de la prestación del servicio”.

La situación ha sensibilizado a voluntarios que se han organizado para apoyar la alimentación de niños hospitalizados en distintos centros de salud del país así como lo ha hecho la Fundación Prepara Familia. Uno de los ejemplos es el de la Fundación Barriga Llena, Corazón Contento que ha sido apuntalada por un grupo de chefs venezolanos y que, entre otras actividades también distribuyen sopas a los niños, padres y empleados del J.M. de los Ríos. Con el liderazgo de la Fundaciones Dar y Recibir y de la organización Ashoka Venezuela se constituyó además una plataforma denominada Ideas para Nutrirnos que había logrado reunir a conjunto de aliados para apoyar iniciativas para alimentar a personas de sectores vulnerables, entre los que se encontraban niños con cáncer y sus parientes.

Fuera de los muros hospitalarios, Cáritas Venezuela, organización no gubernamental dependiente de la Iglesia Católica, ha adoptado la función de distribuir complementos nutricionales y fórmulas lácteas -cuando las consiguen- entre niños con déficit de alimentación en cuatro estados del país. “Estamos pidiendo ayuda a nuestras iglesias con otros países para poder entregar alimentos también”, dice Janeth Márquez. Mientras el hambre se extiende, la sensibilidad de voluntarios se ha hecho más sólida para enfrentar a los necesitados.

 

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