Garantizar las condiciones básicas en salud, alimentación, seguridad y justicia son las principales urgencias y clamores sociales. Son también las tramas que ocupan la agenda de discusión de un país en tiempos de profunda crisis política, económica y social, en la que se ponen en riesgo las garantías democráticas.

¿Cómo se cubrieron estos asuntos en Venezuela a lo largo de 2016? Con reserva, temores, cautela, en las sombras. En voz baja. En medio de grietas profundas a la institucionalidad y la convivencia democrática, que además de afectar al país permeó, hasta lo más profundo, el ejercicio del periodismo nacional. Lo infiltró desde la opacidad hasta la autocensura, anomalías que transitan el mismo camino que conduce al silencio, como orden absoluta, como norma, como ley.

Estos fenómenos se escondieron bajo el caparazón de la violencia y la inseguridad, que han hecho que el periodista -formado para cubrir la realidad- dude y tenga miedo de salir a tomarle el pulso a la calle, su terreno natural, y se espante al hacer su trabajo. Cada vez más los periodistas sufren el temor de salir a comprobar para corroborar los hechos desde lo que ve y escucha, desde los registros de la gente, sin que medie la voz única de quienes tienen el poder para enviar sus mensajes tamizados y unívocos.

El periodista prefiere resguardarse ante este escenario incierto -de libertades restringidas- y huir de los porrazos, las amenazas y las órdenes intimidantes. Piensa en protegerse a él, al medio para el que trabaja, y también a las personas que le sirven de fuentes de información.

Estas circunstancias llevan al periodista a pensar primero -como cualquier ciudadano- en preservar su integridad y seguridad. A confinarse en espacios condensados, que le hacen cada vez más difícil contar la realidad, ejercer su rol, su esencia de contrapoder y de escrutinio público.

Estas adversidades, no obstante, podrían superarse mediante un acuerdo social urgente, con la voluntad y la articulación de todos los sectores: el Estado, los gremios, las empresas de los medios de comunicación, los ciudadanos y los propios periodistas. Un acuerdo de todos.

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