Estas acciones regresivas del Estado en materia de acceso a la información hacen de éste un claustro en el manejo de datos oficiales, en los diversos poderes públicos del país. Se ha naturalizado el ocultamiento de información, un rasgo evidente y espontáneo en esta sociedad desinformada.

Al evaluar los impedimentos más frecuentes de parte de los poderes públicos de Venezuela, los periodistas que contribuyeron con este estudio, ubicaron en primer lugar a los organismos de salud pública. Con altas recurrencias aparecieron las instituciones del poder ejecutivo: los ministerios (42%); los organismos tributarios (31%); la Presidencia de la República (30%); las gobernaciones (29%); la Fiscalía General de la República (29%); la Contraloría General de la República (22%); y la Defensoría del Pueblo (22%).

Las instituciones públicas de educación y la Asamblea Nacional aparecieron entre las instancias de menores restricciones con alta frecuencia. Sin embargo, el parlamento llegó a acumular 38%, en alta, mediana y poca recurrencia. Esto demuestra que aunque esta institución del Estado fue la mejor evaluada, también se hizo partícipe de la opacidad, un fenómeno que se ha extendido y naturalizado en el país.

Esta situación refleja el resquebrajamiento de la institucionalidad en Venezuela. Tanto es así que los demás sectores sociales -aunque en menor medida- también adoptaron prácticas de ocultamiento de asuntos de interés público y abonaron el terreno para el juego de la desinformación. Las cuotas de silencio las impusieron, sin distinción, diversos actores de poder, provocando que los ciudadanos tuvieran visiones restringidas y trasquiladas de la realidad local, regional y nacional.

El mutismo en 2016 se convirtió en una norma social. Así lo reflejaron los impedimentos que encontraron al consultar diversas fuentes no estatales. Los periodistas -en distintas escalas- se toparon con prácticas de opacidad, principalmente, en grupos de manifestantes violentos (58%); partidos políticos (58%) y también en empresas productoras, distribuidoras o comercializadoras de alimentos (57%).

Los periodistas percibieron las dificultades más reiteradas de acceso a la información entre los proveedores de la industria petrolera e industrias básicas (22%); bancos y casas de bolsa (20%); las empresas importadoras (19%); y los movimientos paraestatales (15%).

Los resultados confirman que la opacidad es una política de Estado. Se ha instaurado como una cultura que se manifiesta en acciones cotidianas de confiscar al ciudadano su derecho a estar informado, y que denota esa insistencia de esconder todo aquello que el país necesita saber y, sobre todo, es de su interés.

En los últimos dos años este estudio de censura ha demostrado que todos los sectores del país, en mayor o menor medida, se han hecho partícipes y cómplices en esta Venezuela de oscurantismo.

En 2016, 72% de los periodistas tuvo la percepción de que los mayores obstáculos para acceder a la información pública ocurrían en instituciones estatales. Preocupa que en la fragmentación de la institucionalidad en el país se construyan nuevos referentes de poderes fácticos y lo ejerzan bajo el oscurantismo. Esta fue la opinión de 27% de los consultados, quienes indicaron imposiciones de opacidad de parte de grupos al margen de la ley.

En el tercer nivel los participantes ubicaron a las instituciones de la sociedad civil, que acumularon 23% al mirar la percepción de opacidad por sectores. Desde 2014, las instituciones ciudadanas han aumentado sus índices de opacidad, lo que demuestra que el ocultamiento de información es la reacción más común para no rendir cuentas a la ciudadanía y como medida de protección ante los riesgos inminentes.

Las instituciones privadas aunque obtuvieron los porcentajes menores acumularon en 2016 una percepción de opacidad por parte de 22% de los periodistas, lo cual representó la opinión de 53 consultados. Estos números coincidieron con la evaluación del año 2015, cuando 52 periodistas compartieron este mismo juicio.

Esta escena muestra un plano secuencia de la censura, un fenómeno social que en 2016 impulsó el peso del silencio en el primer eslabón de la espiral, cuyas fuerzas se concentraron en cerrar la válvula del acceso a la información. Esto derivó en medidas más sofisticadas y menos evidentes de prohibiciones informativas a través de diversas prácticas directas e indirectas de la censura.

Opacidad
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