Seleccionar página
Refugiados poselectorales: cruzar la frontera para sobrevivir

En Sucre el mar se calienta mientras la sardina escasea

Pueblos enteros de las costas del Oriente venezolano viven sumidos en la pobreza. La proteína barata que abundó en el estado Sucre, que solía concentrar 70 % de la producción pesquera del país, ahora escasea como consecuencia de la sobreexplotación y la ebullición climática. La merma de la captura es confirmada por pescadores y expertos. Sin embargo, en el país no hay estudios científicos que confirmen la incidencia del calentamiento global en la producción de sardina

Por Mayber Márquez y Nayrobis Rodríguez

Los habitantes de Guaca, un pueblo pesquero a 18 kilómetros de Carúpano, en la Península de Paria, en la costa nororiental de Venezuela, recorren las calles de tierra bañadas por cloacas debido al colapso del sistema de drenaje. Van descalzos o usan chancletas desgastadas, vestidos con ropa que apenas les permite protegerse del sol.

Los hombres de Guaca no conocen otra manera de ganarse la vida que no provenga de la sardina, pero también saben que sus familias no solo se alimentan de ellas. Las mujeres procuran llevar a sus hijos a las escuelas públicas los días en que sí hay clases, para cubrir parte de su alimentación.

La última semana de mayo de 2025 los pescadores cumplieron dos meses sin faenar debido a la restricción impuesta mediante una resolución de 2017 del Ministerio de  Pesca y Acuicultura (MinPesca), para evitar la extracción de sardinas y así garantizar su sostenibilidad. La medida solo permite pescar este recurso si su tamaño es mayor a 19 centímetros.

En la tarde del sábado 31 de mayo en el pueblo no solo reinaba la desolación, sino también el hambre y la incertidumbre junto con las embarcaciones ancladas a la  orilla de la playa. Algunos pescadores aseguraron a las periodistas autoras de este reportaje, que habían hecho maromas para llenar sus estómagos con algo de comida. Todos esperaban los permisos oficiales para volver a faenar.

Yurmari Martínez, su esposo y sus dos hijos, son pescadores. En medio de la paralización de la faena pesquera que vivió Guaca, contó que una familia como la suya requiere de al menos 400 dólares mensuales para cubrir los gastos básicos de alimentos y medicinas.

Cuando la sardina escasea, los pescadores buscan otras formas de subsistencia  con la captura de especies como rabo amarillo (Cetengraulis edentulus), y “el mochuelo(Genidens barbus) que, según ellos, no sirven para el consumo. La pesca de ambas especies es autorizada por el Estado venezolano para la quema y el procesamiento de harina de pescado.

Cuando hay actividad pesquera, la rutina diaria transcurre entre los hombres que van al mar y las mujeres que, además de encargarse de la familia, negocian la venta de sardina, buscan a los empleados para trabajar en las picadoras sardineras y compran los repuestos, así como también procuran el combustible de las embarcaciones.

Los pobladores se empeñan en resolver las necesidades básicas en una entidad como Sucre donde 83 % de la población vive por debajo de la línea de pobreza extrema, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2021), de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Pobladores de Guaca no conocen otra actividad económica que no provenga de la sardina

La precariedad se recrudece en medio de la crisis económica que golpea al país. La otrora abundancia de sardinas en las costas del estado Sucre mermó y los pescadores lo atestiguan. En Guaca, los lugareños apuntan al calentamiento del mar como una de las causas.

“El mar nos niega todo”, dijo Jhon Luis Gutiérrez, un pescador de 45 años que navega casi 85 kilómetros desde su natal Guaca, hasta el archipiélago de Los Testigos, donde permanece hasta cinco días en altamar para pescar lo que solía encontrar en aguas de su pueblo.

Jhon no habla con rigor científico, pero sabe perfectamente que donde antes capturaba sardinas con facilidad, ya no es zona de pesca para el recurso que durante años sirvió como fuente de sustento alimenticio y económico.

CRISIS AVISADA

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) lo alertó en 2009: las comunidades pesqueras y costeras que subsisten de forma precaria por la pobreza, el subdesarrollo y la sobreexplotación de los recursos, serían las más golpeadas por el calentamiento global y las consecuencias impactarían negativamente en sus vidas.

Guaca es también el asentamiento de empresas picadoras de sardinas desde hace décadas. El bullicio del pueblo en temporada de zafra es una característica actual: hombres, mujeres y niños se apuestan a orillas de la playa con cajas y grandes envases plásticos, a esperar por las embarcaciones para cargar el producto hasta los centros de procesamiento o venderlas en el mercado local.

Pero después de la Semana Santa de 2025 el panorama cambió: la actividad económica que generaban las 23 plantas picadoras de sardinas se redujo y solo cinco funcionaban. Con ello, mermaron las posibilidades de empleo de los lugareños.

Pescadores deben desplazarse mar adentro para conseguir mayor cantidad de especies.

Un mes después del inicio de la zafra, el 15 de marzo de 2025, la sardinella aurita reapareció pero con una talla menor a la establecida oficialmente en 19 centímetros. Su tamaño fue de 17,5 centímetros, 1,5 por debajo de lo establecido por MinPesca, para preservar la especie y garantizar su reproducción.

Carmen Elena Martínez, quien forma parte del Comité Local de Seguimiento y Control de la Sardina establecido por Minpesca en Guaca, comentó que esta especie rara vez se consigue en la Península de Paria en el tamaño fijado.

Los pescadores desconocen las razones del retraso en la aparición de la sardina. Sin embargo, el fenómeno no es exclusivo de Guaca. Un escenario similar ocurre en otros poblados como El Morro de Puerto Santo en el municipio Arismendi y Chacopata, en Cruz Salmerón Acosta, los cuales constituyen los principales centros de producción y procesamiento de la especie.

Evis Gutiérrez, vocera del Consejo de Pescadores y Pescadoras (Conppa) “La Bonanza de Guaca”, una estructura comunitaria conformada por pescadores y acuicultores dependiente del MinPesca, aseguró que durante el primer trimestre de 2024 conseguían peces como caritico y tahalí. Incluso, les preocupaba que llegara el periodo de veda y todavía los capturaran.

Este año, los pescadores llegaron a tierra con los peñeros vacíos, sin pescado suficiente para vender en el mercado o a las cavas (distribuidores de la mercancía conservada en hielo), ni siquiera para su sustento. También atribuyeron esta escasez a factores climáticos. “La corriente, el agua, la luna y la lluvia, todo los afecta porque la pesca es una aventura, hoy puede que cojan bastante o no cojan nada, eso no se sabe”, dijo Gutiérrez.

En la península de Araya, municipio Cruz Salmerón Acosta, los pescadores también advierten cambios en las dinámicas de pesca debido a la temperatura del mar.

En junio de 2024 y después de siete años, la sardina reapareció en esas costas con una medida de 19 centímetros. Consideran que el Estado falla al incrementar los controles para la pesca de esta especie, sin discernir las características de cada zona. 

Heriberto Rodríguez, presidente de la Asociación de Pescadores del municipio peninsular, advierte que la pesca sardinera se volvió muy protocolar.

“Anteriormente, sacábamos la sardina muy cerca de la orilla, la Inspectoría de Pesca hacía la medición y se comenzaba a vender desde Cumaná hasta Caracas, pero ahora solo está permitida la captura los martes y jueves, lo que ocasiona retrasos en el procesamiento de la especie” detalló.

Desde la eliminación de la pesca de arrastre aumentaron los controles del Estado

CORO TIENE 10 AÑOS SIN SARDINAS

La realidad que se vive en Sucre ya ocurrió en el Golfete de Coro, estado Falcón, donde los hombres del mar no ven sardinas en los chinchorros desde hace más de una década y por el contrario, deben salir a mar abierto para capturarla como carnada de especies como el tahalí.

Aunque en Falcón la sardina no forma parte del consumo local, los pescadores advierten que su escasez no solo se debe a los cambios de temperatura del mar, sino al ruido de las nueve tuberías de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la contaminación de más de 70 derrames de crudo y gas registrados en los últimos cinco años, que acabaron con los criaderos de peces.

ESCASEZ GLOBAL

La escasez de sardina ha sido advertida en el mercado internacional. En febrero de 2025 los barcos sardineros de El Aaiún y Tan Tan  en el Sahara Occidental, llegaron al puerto de Marruecos, el principal exportador de sardinas en el mundo, con las bodegas prácticamente vacías ya que no encontraron cantidades significativas de la especie. Los pescadores declararon que urge un estudio científico que ayude a entender la disminución de este recurso en el Mar Mediterráneo y que están dispuestos a detener la actividad para garantizar un descanso biológico que restablezca la riqueza pesquera.

También los pescadores de India, confirmaron en septiembre de 2024 la escasez de sardinas, en medio de una disputa por la pesca de alevines (peces juveniles) y una  «sequía de peces» que se remonta a comienzos de 2023 en la costa de Kerala, en el Mar Arábigo, agravada por el calentamiento global y el efecto de El Niño.

PRODUCCIÓN MERMADA

Las regulaciones aplicadas por el Estado venezolano desde el año 2005 hasta el 2017, basadas en la disminución de las capturas de sardinas, fueron inefectivas porque no incrementaron la producción. Un artículo titulado “Nueve décadas de explotación de la sardina Sardinella aurita en Venezuela, escrito por Alfredo Gómez, investigador de la Universidad de Oriente (UDO), publicado en el Boletín de Investigaciones Marinas y Costeras 2022, así lo evidenció.

Gómez apuntó que los resultados tampoco justifican el incremento en el uso de las artes de pesca y advirtió que los cercos de argolla constituyen un peligro.

Con las máquinas de argolla, los pescadores encierran los cardúmenes de sardina que se desplazan por la superficie del mar, la meten en el tren que tiene por debajo una corredera de anillos y la llevan a la embarcación, pero si no se realiza de manera sostenible, puede llevar a la sobrepesca y afectar negativamente los ecosistemas marinos.

Las consideraciones de Gómez también quedaron en evidencia en el artículo “Micromisión Sardina: un abordaje integral a nuestra principal pesquería”, realizado por Ruth Vásquez y Josefa Morales, investigadoras  del Centro Nacional de Pesca y Acuicultura (Cenipa) y publicado en 2024, en la revista Cenipa Ciencia 4.

Las investigadoras demostraron que desde 2005, período en el que fue reconocida por el Estado la crisis sardinera, no se han recuperado los volúmenes de pesca de la especie tal y como existía a principios de siglo, aunque se registraron fluctuaciones en la producción entre 2016 y 2017.

No obstante, Michael Rodríguez, biólogo de la Unidad de Tramitación, Vigilancia, y Control del Instituto Socialista de Pesca (Insopesca Sucre), durante una entrevista para la Red de Periodistas de Investigación en Sucre (RPI), indicó que desde 2015 el promedio nacional de captura de sardinas se mantiene en 50 mil toneladas, aunque se registraron variaciones, como ocurrió en 2024, cuando la captura superó las 80 mil toneladas con la producción de Sucre, Nueva Esparta y Falcón.

La captura de sardinas en el estado Sucre se elevó solo 5 % desde que se agudizó la crisis en 2005 y se iniciaron los controles gubernamentales. Fuente: Unidad de Tramitación, Vigilancia, y Control de Insopesca Sucre.

Los pescadores consultados sostienen que en el aumento de la producción de sardina en Sucre durante 2024 -cuando la captura alcanzó las 54.546 toneladas-, también influyó la sobreexplotación de la especie, que arrancó en un precio de tres dólares por cada caja de diez kilos y cerró el año en 0,80 centavos de dólar, debido a la cantidad de sardinas ofertadas.

Ese mismo año, las máquinas sardineras pasaron de procesar 1.500 cajas de sardinas por día para completar las tres mil semanales, a cumplir la cuota asignada por Minpesca a inicios de la temporada 2025, de 800 cajas diarias, dos veces a la semana.

El Estado venezolano ha reconocido variabilidad en la producción de sardina

AL CALOR DEL AGUA SALADA

Uno de los factores que más influyen en la producción de sardina son las condiciones del agua de mar, una variable asociada al desplazamiento, reproducción e incluso la alimentación de la especie, que se evidencia  en la abundancia de plancton y el fitoplancton.

En el nororiente venezolano, la sardina se concentra en los golfos de Santa Fe y Cariaco en el estado Sucre, donde se conforma una guardería marina para la especie que busca las mejores condiciones ambientales para desovar.

El recorrido migratorio de la Sardinella aurita continúa mar abierto por Guaca, El Morro de Puerto Santo, San Juan de Unare y Las Galdonas en Sucre y se extiende hasta la isla de Margarita, en el estado Nueva Esparta, para luego retornar a Santa Fe.

“Si la brisa deja de soplar o la temperatura aumenta, pueden causar problemas en el desarrollo de la especie. Si el agua en la superficie está muy caliente, la sardina baja a la profundidad, donde es más fría y su captura es más difícil” explica Rodríguez.

Precisamente, el periodo de veda (15 de diciembre hasta el 15 de marzo), está marcado por la reproducción de la sardina y asociado al fenómeno de la surgencia costera que mantiene la temperatura óptima de 23°C en la columna de agua.

La surgencia costera es un fenómeno oceanográfico que consiste en el ascenso de aguas profundas y frías, ricas en nutrientes, hacia la superficie del océano, cerca de la costa.

Entre diciembre y marzo, el mar tiene alta concentración de nutrientes y oxígeno con temperaturas bajas y alta salinidad. Por ello, es el periodo en el que la sardina está  apta para reproducirse, detalló el funcionario del MinPesca.

No obstante, las especies pueden desovar, pero su desarrollo no está garantizado porque la temperatura del agua también afecta el crecimiento de huevo a larva.

En el caso de Venezuela, los cambios en la temperatura del mar tienen especial importancia, porque la sardina es considerada uno de los principales rubros pesqueros.

“Las capturas de esta especie, desde 2005 han mostrado un declive, con períodos de breves recuperaciones. Posiblemente, los cambios en la temperatura superficial del mar afectan a esta especie bandera del país” expresó Alexis Bellorín, biólogo e investigador del Cenipa, en su artículo “Cambio climático y temperatura superficial del mar: años de récords y desafíos, publicado en la revista Cenipa Ciencia 4.

El experto del Cenipa detalló que durante los años 1989, 1990, 2001 y 2019, las aguas más frías abarcaron amplias zonas costeras del país. Mientras que, durante 2005 cuando inició la crisis sardinera, la extensión geográfica de las aguas con temperaturas medias por debajo de 25 °C, fue mínima.

El investigador indicó que en 2023 se alcanzaron valores máximos históricos de temperatura superficial del mar para esta región: casi 31 °C. Al año siguiente, los valores promedios de temperatura durante la temporada de máximas surgencias no bajaron de 25 °C.

En su publicación, Bellorín explicó que las medias de temperatura superficial parecieran mostrar una ligera tendencia hacia el calentamiento a lo largo de los años, aunque con marcadas variaciones interanuales. Es posible, que el enfriamiento estacional que producen las surgencias en cierta medida “enmascaren” para esta región en específico, el calentamiento generalizado que ocurre en el mar Caribe.

¿UNA MEDIDA TARDÍA?

Dos décadas después de que se registró por primera vez el desplome de la producción pesquera en el nororiente venezolano, en diciembre de 2024 se instaló un termomareógrafo en la estación hidrometeorológica en los sectores de Puertos de Sucre y Caigüire en Cumaná, respectivamente, para determinar cada 10 segundos, la temperatura, el nivel del mar y la incidencia de las olas.

El objetivo oficial es ampliar la observación en sectores como el Golfo de Santa Fe, Guaca, el Morro de Puerto Santo y la isla de Margarita, para determinar el futuro de la pesquería.

Sin embargo, Antonio Quintero, biólogo e investigador del Instituto Oceanográfico de Venezuela (IOV), adscrito a la UDO y coordinador del Departamento de Cambio Climático del Ministerio de Ecosocialismo en Sucre, reconoció que para tener conclusiones sobre la incidencia de la surgencia costera y la producción de sardina en las costas sucrenses, es necesario hacer un monitoreo terrestre de las lluvias y la sequía que permitan diseñar programas para la gestión pesquera en los años venideros. Advirtió que los riesgos para el desarrollo de la sardina y la pesca en general, van en aumento por la sobrepesca y contaminación.

Aún se desconocen anuncios de estos programas oficiales y el presupuesto asignado para su consecución.

Guaca es el asentamiento de empresas picadoras de sardinas desde hace décadas. Durante la zafra hombres, mujeres y niños se apuestan a orillas de la playa para cargar el producto hasta los centros de procesamiento o venderlas en el mercado local.