Mujeres de sectores vulnerables lideran construcción de paz en Apure
La Red de Mujeres Constructoras de Paz (RMCP) está en La Guamita 1 y 2, La Morenera y Negro Primero de San Fernando de Apure. Son más de 15 que enseñan a otras a contrarrestar la violencia y a ejercer plenamente sus derechos, mientras libran su propia batalla
El año pasado, ellas no tenían ni idea de estos conceptos aunque formaban parte de su vida cotidiana. Aún lidian con la violencia machista en su entorno del barrio “La Morenera”, la diferencia es que ahora saben que no es normal.
Carmen y Mayra son dos de las 15 activistas de la Red de Mujeres Constructoras de Paz (RMCP), que batallan contra la violencia, desigualdad y discriminación sexista en La Guamita 1 y 2, La Morenera y Negro Primero, cuatro de los barrios más vulnerables de San Fernando, la capital del estado Apure.
Mientras trabajan en su propio proceso reparador, ayudan a otras a construir la paz en sus hogares y en el entorno que les rodea, desde la complementariedad igualitaria entre mujeres y hombres.
Les enseñan a reconocer la violencia sutil y grave, normalizada por la cultura machista, les proporcionan los contactos de las instituciones oficiales y organismos de ayuda, así como les acompañan en la formulación de denuncias y apoyan durante todo el proceso.
Las activistas construyen paz en zonas de Apure, superando barreras y malas prácticas ciudadanas como el hecho de que la misma gente le pone el nombre de “vagina sola” a un barrio popular de San Fernando que tiene una población numerosa de madres solteras, y sale con eso de “tenía que ser mujer” cuando ven una falta de tránsito en las vías.
En las propias comunidades donde viven estas activistas en San Fernando, el área más urbana e importante de Apure, limpiar la casa, lavar, planchar, cocinar, trasnocharse para atender a los bebés, “es cosa de mujeres”.
“Es tan normal hacer las cosas por costumbre que creemos que porque no hay golpes ni gritos, no hay violencia”, reflexiona Milagros Espinoza, activista de La Guamita 1.
Así mismo, en la Morenera, La Hidalguía, Dios Con Nosotros, Luis Herrera, o en cualquier otro sector o pueblo al interior de Apure, es común ver sólo a mujeres y niñas al pie de una batea lavando a mano grandes pilas de ropa.
La desigualdad entre hombres y mujeres persiste en Apure, la responsabilidad del hogar sigue siendo “cosa de mujeres”, a pesar de que las apureñas, cada vez más, trabajan en la calle y muchas, ya han asumido la manutención de su hogar.
Ya en el censo 2011, último realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el 34,8 % de los hogares del estado tenían jefaturas de mujeres, tendencia en aumento desde el censo de 1990. La mayor cantidad de jefas de hogar se concentraba en San Fernando, el municipio capital.
“No es fácil salir de la violencia y sola no se sale de eso, es necesario buscar ayuda”, asegura Milagros Espinoza.
Y en esta necesidad de ayuda es donde toma fuerza la RMCP, porque son mujeres ayudándose entre sí, explica Marielva Rísquez, coordinadora nacional de la organización.
Constituida la red con colaboradoras de la religiosa en las Cáritas parroquiales, inicia la capacitación de estas primeras 15 activistas de Apure y el 24 y 25 de junio de 2023, tras el encuentro presencial de reforzamiento de su formación, realizado en sus barrios con miembros del equipo nacional de la RMCP, arrancan sus microproyectos.
Actualmente, y como parte de estos microproyectos, ellas ejecutan una serie de actividades en los sitios donde residen para contrarrestar la VBG, desigualdades y discriminación de la mujer en el acceso a la educación, salud y espacios de poder, en particular, de grupos vulnerables (con discapacidad, indígenas, adultas mayores, afrodescendientes, lgbtiq+).
Los microproyectos de la RMCP en Apure, estado fronterizo con Colombia, también abordan las consecuencias de la migración forzada y la violencia armada comunes en esta zona como trata de personas, prostitución de mujeres y niñas o reclutamiento forzado de niños para las filas de la guerrilla.
La RMCP avanza paso a paso en Apure, en principio, por la situación país que se recrudece en los sectores populares e interfiere en las actividades. Por ejemplo, comunicarse vía telefónica o por internet para planificar, es una odisea en los barrios sanfernandinos.
También, porque “el fin no es impactar a una gran parte de la comunidad, sino a la zona en dónde se está, en donde se vive”, explica Vásquez.
La estrategia es, desde lo micro, incidir en lo macro a través de estos microproyectos, consistentes en una serie de actividades mensuales planificadas acorde a las necesidades de cada sector abordado.
Para detectar estas necesidades las activistas realizan diagnósticos personales y comunitarios que aprendieron en la formación sobre la violencia basada en género, añade la responsable del equipo técnico apureño.
Por cada réplica, en otro sector de una misma comunidad e, incluso, en una comunidad distinta, hay una mujer más, bien informada, que a su vez informa a otras y amplía la red.
“El vínculo que estamos haciendo es maravilloso porque nos impulsa y nos mantiene esta llamarada para ser cada día más”, asegura Franciela Reyes, activista de La Guamita 2.
Construir la paz en el estado llanero lleva tiempo y requiere la ayuda de la articulación, apoyo y formación que ofrece la RMCP, indica Sofía Torres, también psicóloga y miembro del equipo técnico del proyecto en Apure.
“La violencia está muy latente, existe un machismo indiscriminado, incluso, hay mujeres más machistas que los mismos hombres, por eso, primero debemos formarnos nosotras para poder ayudar a otras y mejorar”, asevera la psicóloga.
Las activistas de Apure se han capacitado en violencia basada en género, construcción de paz, liderazgo y vocería comunitaria, lenguaje popular, transformación de conflictos, trata de personas, ejercicio responsable de la sexualidad, masculinidad en positivo, entre otros temas y su capacitación es constante.
Con estas herramientas las activistas de La Morenera ejecutan sus microproyectos para atenuar las consecuencias de la migración forzada, así como los dos equipos de La Guamita están unidos en torno a la prevención del embarazo temprano en sus comunidades.
Actualmente, las activistas de RMCP de Apure ejecutan cinco actividades por microproyecto, una cada mes, dentro de sus comunidades y, fuera de éstas, atienden los compromisos que tienen con las organizaciones aliadas, informa Vásquez.
“Nos constituimos hace dos años en el país para lograr el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres a través de acciones para mejorar su entorno”, prosigue Rísquez.
Sin embargo, en Apure, la RMCP enfrenta la creencia generalizada de que las personas y organizaciones que defienden los derechos e igualdades de las mujeres son enemigas de los hombres.
“Si nuestros esposos nos recargan la crianza de los niños o no ayudan en los quehaceres del hogar porque así fueron criados, podemos hablar con ellos y hacerles ver las cosas”, ejemplifica Janet Amaro, trabajadora social y miembro del equipo técnico RMCP Apure.
Ella considera que, al igual que las mujeres, los hombres también son víctimas de la cultura machista y requieren ser educados para sumarlos a la batalla contra la violencia.
La acción de la RMCP cada vez es más conocida en la capital apureña. Entre mayo y agosto de 2023, las activistas atendieron más de 20 convocatorias para hacer volanteos y dictar charlas sobre Violencia Basada en Género (VBG) y trata de Personas en sectores populares, fuera de sus comunidades.
También, fueron invitadas a las capacitaciones de la oficina de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y a las emisoras locales de “Radio Fe y Alegría” y “Buena Nueva” donde informaron sobre la RMCP y sus actividades.
La normalización de la agresión cotidiana en acciones o frases como “los hombres son de la calle y las mujeres de la casa”, es el problema más detectado por las activistas dentro y fuera de sus comunidades.
Reducir la desinformación en la que se afianza este micromachismo que da origen a formas más avanzadas de violencia basada en género, constituyen las primeras actividades previas a sus microproyectos.
Por eso, han puesto papelógrafos y repartido volantes en sitios emblemáticos de San Fernando, como las iglesias católicas de sus comunidades, el terminal de pasajeros Humberto Hernández y la Universidad Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora.
Risquez reafirma que el entusiasmo de las activistas de Apure también lo ha encontrado en el resto de los estados venezolanos.
“Hay mujeres empoderadas, solidarias, valientes heroínas que, en medio de este sufrimiento en el que se ha convertido nuestro país, son agentes de cambio y representan una esperanza”, sostiene.