Agua y tierra, piden las mujeres warao en Anzoátegui

En la comunidad Picas de Neverí, mujeres indígenas se las ingenian para impulsar su comunidad en medio de graves carencias y la vulneración de sus derechos.

Por: Giovanna Pellicani
Foto: A diario, mujeres y niños recorren kilómetros para llegar al río Neverí, asearse, lavar su ropa y reciclar del líquido para llevar a sus hogares. Crédito: Samir Aponte

Veintidós mujeres warao que habitan en la comunidad Picas de Neverí recorren más de 40 minutos para salir a vender miel o pedir colaboración en las calles de la zona norte del estado Anzoátegui. Muchas veces regresan con sus manos vacías.

Es poco el tiempo en el que pueden reposar en los chinchorros que ellas misma elaboran y  que cuelgan en las paredes de sus hogares. El resto de su día lo dedican a buscar alimentos e ir hasta el río a lavar y recolectar agua para el sustento de su comunidad. 

Pese a que el artículo 123 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece que «Los pueblos indígenas tienen derecho a mantener y promover sus propias prácticas económicas basadas en la reciprocidad, la solidaridad y el intercambio; sus actividades productivas tradicionales, su participación en la economía nacional y a definir sus prioridades.”, ellas viven sumidas en la desidia y el abandono.

Las mujeres forman parte de una comunidad de la etnia warao que migró hace 21 años desde el Delta del Orinoco hacia el norte del estado Anzoátegui con la intención de gozar de una mejor calidad de vida. Sin embargo, hoy su situación no es mejor.

Foto: Preparan hervidos con los bucos que pescan en el río Neverí para dar de comer a toda la tribu. Crédito: Samir Aponte

“Una de las razones por las cuales se inició el desplazamiento de pueblos indígenas es porque dentro de nuestros territorios no había esa seguridad para poder establecernos. Lamentablemente muchos no han podido alcanzar una calidad de vida aceptable”, asegura Leanny Torres, líder warao que migró hacia Brasil y que actualmente trabaja en defensa de los Derechos Humanos de las personas indígenas. 

La desidia y el abandono de estas mujeres se puede ver reflejada en el rostro de Maraisa, una de las más antiguas pisatarias de esa comunidad warao. Mientras cumple con su faena diaria, comenta: “Me levanto bien temprano para poder buscar agua al río, lavo la ropa y lleno los recipientes que usaremos durante el día para asearnos y preparar los alimentos”.

La única fuente es el río

El río al que se refiere Maraisa es el Neverí. La comunidad está asentada a unos 20 minutos de la ribera del principal caudal que atraviesa el municipio Bolívar de Anzoátegui. Ante la imposibilidad de tener acceso a agua en su localidad, Maraisa y el resto de las mujeres, adolescentes y niñas acuden al río a lavar su ropa y a almacenar el agua para el consumo diario. En esa zona se han reportado violaciones y asesinatos, pero desde la comunidad toman medidas de seguridad para evitarlos.

Las mujeres warao, conscientes de que su situación puede mejorar con el apoyo estatal, han solicitado la instalación de una bomba de agua que les permita tener suministro en sus hogares, pero hasta ahora no han sido tomadas en cuenta por funcionarios u otros entes. 

“Es lamentable saber que no cuentan con una toma de agua para sus quehaceres diarios. No se imaginan cuánto podría producir la comunidad de waraos con una extensión aceptable de tierra y un par de tomas de agua que garanticen también el riego a sus siembras”, resaltó Leanny Torres. También hizo un llamado al Ministerio Indígena para que tome medidas. 

Las mujeres waraos temen a la inseguridad a la que se enfrentan cada vez que visitan el río Neverí. Foto: Samir Aponte

Además de la falta de suministro de agua, otro de los aspectos que hace la cuesta arriba la vida en Picas de Neverí es que no hay espacios acordes para el aprovechamiento de la tierra. Por tanto, la comunidad warao no puede lograr la tan anhelada autosustentabilidad que podría tener a través de la siembra de sus propios alimentos. 

“Si bien es cierto que el gobierno de Anzoátegui les ha adjudicado un pedazo de tierra para que vivan, también es cierto que ha sido insuficiente para su desarrollo. Fueron ubicados en una zona tan alejada que dificulta su desplazamiento oportuno y goce de beneficios ciudadanos”, señala la activista. 

Los estragos de la mala gestión y la falta de apoyo también se manifiestan en la salud de los indígenas. Ya han perdido la cuenta de cuantos waraos han padecido por haber contraído salmonelosis debido al consumo de agua cruda. Aseguran que se han recuperado gracias al consumo de plantas medicinales orientadas por sus conocimientos ancestrales.

Así lo afirma Maraisa, quien ha utilizado collares, hervidos de plantas medicinales y rezos para curar sus dolores de muela, afecciones causadas por el contagio de Covid-19, las consecuencias de contraer salmonelosis y hasta dolores de parto.

Foto: Sus conocimientos ancestrales les han permitido sobrevivir a la falta de asistencia médica. Crédito: Samir Aponte

“Aunque sabemos que nuestros conocimientos han ayudado en la recuperación de distintos procesos de salud, es necesario que las mujeres cuenten con atención primaria”, dice Leanny. El hecho de que los warao utilicen sus conocimientos ancestrales para atender sus dolencias, no significa que su derecho a la salud no esté siendo vulnerado por parte del Estado, pues este no les brinda acceso a la atención médica. Si se llegara a promover jornadas o políticas públicas de atención en salud, sugiere la activista, ésta debe ser guiada por especialistas de la misma etnia, quienes sirvan de traductores y guías en este proceso de sanación.

Una esperanza a la comunidad

Desde el mes de septiembre del 2021 la comunidad es visitada por el coordinador del programa Cambiando Rutinas en Anzoátegui y fotógrafo, Samir Aponte, quien se ha encargado de visibilizar las necesidades de la comunidad warao en la búsqueda de atención primaria.

Foto: Algunas de ellas fueron contactadas para trabajar en el servicio de recolección de basura en el municipio Bolivar, pero por la falta de uniformes y equipos de seguridad se lesionan a diario. Crédito: Samir Aponte

Durante sus continuas visitas, Aponte ha llevado alimentos y prendas de vestir. Sin embargo, sus mayores esfuerzos se han ido en buscar atención médica para las mujeres más necesitadas de la comunidad.

Luego de varios meses visitando y compartiendo tiempo con los warao, el reportero gráfico se ha percatado de cómo les es complejo obtener atención médica en centros asistenciales “debido a su aspecto y lengua”. 

Asimismo para Aponte, que ha logrado documentar la calidad de vida de las mujeres warao de la comunidad, otro problema surge cuando quedan embarazadas. Muchas de ellas no han frenado su ciclo reproductivo por desconocimiento. Además, carecen de controles médicos durante los nueve meses de gestación lo que favorece a que surjan complicaciones en el parto.

“Ellas solo son atendidas en los centros asistenciales cuando sus partos se complican y deben buscar ayuda para ser trasladadas hasta el centro de salud donde las puedan recibir. Algunas han tenido que regresar y recibir atención de las comadronas que habitan en la comunidad”, dijo. 

La vulnerabilidad de las mujeres warao en Anzoátegui se agranda aún más porque también su derecho a la identidad y a la educación está siendo vulnerado. Por falta de documentos de identidad, gran parte de las niñas y jóvenes warao no están escolarizadas. De acuerdo con lo que ha podido conocer Samir Aponte, la mayoría de las mujeres warao de la comunidad no saben leer. 

Foto: Se las ingenian para garantizar el alimento diario de unos 100 waraos que conforman la comunidad donde habitan. Crédito: Samir Aponte

Estas mujeres no han sido incluidas en programas sociales que permitan la escolarización de quienes lo desean, por lo que la única forma de educación que reciben es a través de una de sus integrantes intenta enseñarlas a leer. Lo hace de forma rudimentaria y sin mayor conocimiento ni pedagogía. 

“La Ley Orgánica de Pueblos Indígenas no se está llevando a la práctica. Es necesario que se establezca un modelo de desarrollo comunitario que permita que las mujeres sean más autónomas y que desarrollen sus conocimientos para el buen desarrollo de la tribu”, destacó la líder warao.

Pero mientras esto ocurre y esperan ser tomadas en cuenta por el Estado, las mujeres warao siguen en la búsqueda de algunos bucos (pes de río) que viven en las escasas lagunas que se forman en la zona, como última medida para alimentar a los integrantes de la tribu que hace vida en la zona norte de la entidad.