Barinesas con guáramo: combinan el hogar con la academia y el campo

Briceida Morales – 14/09/23

Salen a la faena antes de que cante el primer gallo, ordeñan, le dan de comer a los pollos y cochinos, se suben a un caballo o a una curiara. Así pasan el día, sin dejar a un lado la atención del hogar, los hijos y su propio desarrollo profesional y personal

En suelo barinés las mujeres cumplen un rol importante no sólo en el hogar, sino también en la producción y comercialización agropecuaria, y a la par no dejan de desarrollarse en lo personal.

La mujer venezolana ha logrado equilibrar estos roles. Muchas se inspiran en las fortalezas y perseverancias de sus madres luchadoras y otras tienen la visión de futuro y deciden ser protagonistas de sus propias historias. 

Por eso, vemos en el entorno mujeres exitosas que destacan, llevan adelante sus familias con hijos y continúan una tradición en el campo, muchas veces heredada.

Querer y poder

Mariluz Rangel, es una de esas historias de valor. Es productora de la zona de San Rafael de Canaguá, en la parroquia Páez, municipio Pedraza, y  es una mujer bregadora, como dicen en los predios del llano.

“Este no es un trabajo que nos limite, todo depende de cómo quiera hacer uno las cosas, todo está en querer y poder, a los niños se les educa para que ayuden”, comenta.

Ella nació y fue criada en el campo. Luego salió a la ciudad para estudiar y formarse, primero como enfermera en la Unefa y, posteriormente, como Técnico en Registro y Estadística en la Universidad de Los Andes.

“Debido a la situación política y económica que atraviesa el país,  en el 2017 me tocó emigrar de nuevo al campo, volver a las raíces de mi madre también productora, Mariluz Rangel”.

Su faena diaria como la de muchas mujeres en la ciudad, implica levantarse antes del primer canto del gallo para iniciar con el trabajo propio del campo, lo que ella llama una unidad de producción. Una jornada que le da resultados positivos, porque impregna pasión y compromiso.  

De inmediato se prepara para alimentar a las gallinas, los cochinos y para ordeñar las vacas, cuando no puede hacerlo su esposo. 

Una vez completada esa tarea, va de regreso a la casa y se ocupa de la cocina, los niños y va pensando en las otras tareas del día: sembrar yuca, plátano y “todo lo que esté a mi alcance, en esta tarea también se involucra a los niños, desde pequeños se les enseña a trabajar”.

Superar las dificultades

Hace menos de tres años, la Asociación de Productores Rurales del estado Barinas (Asobarinas)  aseguró que 20 % de la superficie del estado (680.950 hectáreas de las 3.520.000 que lo conforman) había sido expropiada e invadida. 

Situación que en su momento alarmó a los productores y, ahora, los llena de preocupación pues la mayoría de esas tierras “están improductiva”, según reporte de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) (https://fedeagro.org/).

Una realidad a la que se exponen los trabajadores agropecuarios a diario, especialmente, desde el 2018 cuando arreciaron los casos. A eso se le suma el tema del abigeato, por parte de delincuentes que ingresan a los predios y sacrifican el ganado para su venta o consumo.  Aún así, los productores siguen siendo ese grupo primario conformado por hombres y mujeres cuya misión de vida es llevar los alimentos a la mesa de todos los hogares venezolanos. 

De acuerdo al estudio sobre la actividad emprendedora Global Entrepreneurship Monitor (GEM Venezuela) de 2022, elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (IIES-UCAB) y el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) presentado el pasado 15 de marzo, cerca de 3 millones de venezolanos (19% de la población adulta del país) están emprendiendo en diferentes etapas. 

De ese grupo, la gran mayoría (86 %) tiene emprendimientos en etapa temprana y solo 14 % cuenta con negocios establecidos.

La encuesta GEM Venezuela 2022 también reflejó que la principal motivación de los venezolanos para emprender, con un 90 % de respuestas afirmativas, es “ganarse la vida porque los empleos son escasos”. 

Mariluz es un ejemplo claro. Emprender en el agro es parte de su proyecto resiliente. 

Establecer planes y ser exitosas

Para Josefina Herrera, presidenta de la Unión de Productores Rurales de San Rafael de Canaguá, (Ugapaez), el ser productora no le limita en nada. 

Desde el 2015 se fue al campo para continuar con la tradición heredada de su madre. Dejó su carrera como profesora en la Universidad de Carabobo y asumió este rol con nuevos bríos.

“Este es un trabajo que puede ser llevado a cabo por mujeres u hombres, podemos estar al frente de una unidad de producción. En nuestra cultura a veces solemos encasillarlos, pero no es así. Debes establecer planes, un programa para llevarlo a cabo, el éxito de una empresa depende de quien la dirija, independientemente si es hombre o mujer”.

Pero esto requiere gusto, pasión, como todas las tareas de la vida. Si algo no te apasiona o gusta, dice, si no le pones corazón y pasión no lo vas a hacer bien.

De su madre heredó esta segunda actividad, ella sembraba maíz, arroz, pero Josefina decidió dedicarse a la ganadería de leche y a la producción de queso.

Ella cuenta que existen mujeres de su entorno también dedicadas a la faena del campo que montan a caballo, manejan la guadaña (herramienta para cortar la maleza), montan cercas, sacan a los becerros.

 

No hay  límites para el éxito

Para María Alejandra Colmenares, licenciada en  Administración, con Maestría en Finanzas, las mujeres están desarrollando un rol importante al frente de sus unidades de producción.

“No existe limitante alguna para cumplir con nuestros propósitos, eso sí «Con Dios de Cabrestero», como bien decimos en el Llano; puede que no tengamos fuerza física por nuestra fisonomía; pero contamos con la inteligencia, pasión y entereza que nos llena de ímpetu a batallar cada día en pro del éxito de nuestras empresas”.

Un buen día, por avatares de la vida, se dijo a sí misma, “quiero gerenciar mi empresa”, y así lo hizo. El secreto para ella está en ser estudiosa y aprovechar las nuevas tecnologías en su proceso de formación.

Su principal reto como agropecuaria consiste en lograr la producción efectiva de leche y carne, consolidar y alcanzar el mejoramiento genético con elevados estándares de calidad. Convertirse en un referente en la región, específicamente en la parroquia Santa Rosa, municipio Rojas, donde reside. Su refugio como ella le llama, su finca “Marypast”.

María Alejandra dice que con inteligencia y gallardía no hay límites para el éxito. Incluso ha sido esa fuerza la que ha demostrado como directiva de la Asociación de Productores de Rojas.

Mariluz, Josefina y María Alejandra muestran una parte de Venezuela que cosecha mujeres con guáramo, que combinan la academia con el hogar y el desarrollo personal. Son historias referentes que motivan y son motores para el cambio, y que la Red de Mujeres Constructoras de Paz les da un espacio para hacerlas visibles.