Educación sexual, entre tabú y falta de programas en Lara
Los programas de educación sexual se ausentan de las instituciones educativas, mientras que las más jóvenes pasan a formar parte de las estadísticas de embarazos adolescentes
Por Jennifer Orozco – 11/08/23
Con un enorme vientre de embarazo, las manos entrelazadas, sudorosas, y un rostro lacrimoso, Sofía*, de 16 años, asegura que antes de quedar embarazada, no sabía «cómo se hacían los bebés». Ella vive en Siquisique, capital del municipio Urdaneta, uno de los más alejados de Barquisimeto, en el estado Lara.
«Yo sabía que no debía estar sola con un hombre. Eso era lo que me decían mi mamá y mi abuela. Ellas decían que no me dejara tocar, que no podía mostrar nada de mi cuerpo”, dice. Con pudor recuerda cuando se enamoró de su compañero de clases. A veces se quedaba “a solas” con él y tuvo relaciones sexuales. Sofía quedó embarazada en su segunda relación sexual.
«Mi novio decía que era difícil que yo saliera con una barriga en las primeras veces que estuvimos juntos. Él me hablaba y yo no sabía mucho. Se lo dije y él aseguró que eso no era posible y lo negó. Más nunca me habló», dice ahora.
La adolescente pasó más de tres meses escondiendo su embarazo. Le preguntó a una prima que ya había tenido un bebé y con ella confirmó sus sospechas. Para ese entonces no sabía que existían las pruebas de embarazo. Mucho menos sabía que debía acudir de manera periódica a consulta médica para revisar el desarrollo de su bebé. Cuando se enteró, tuvo que contarle a su madre. Nunca habían hablado sobre sexo.
“Fue una situación incómoda. Mi mamá lloraba y yo solo le pedía perdón», recuerda. Así como no tenía idea de los métodos para prevenir un embarazo, mucho menos sabía sobre las peculiaridades de la gestación.
«En el liceo lo vimos, pero la profesora casi no explicó nada. Nunca ningún profesor explicó que era el sexo, que eran los preservativos, ni nada de eso. Tal vez si lo hubiese sabido, me hubiese cuidado”, dice.
Cuando finalmente logró viajar hasta el hospital de Barquisimeto para su primera consulta, Sofía tenía cuatro meses de embarazo. Las enfermeras le recreminiban y le preguntaban cómo había quedado embarazada, qué por qué no se cuidaba. Las respuestas no son tan sencillas. Sofía no aprendió a cuidarse, ni en casa ni en la escuela. Además tampoco tuvo acceso a educación sexual a través de Internet pues no tiene teléfonos inteligentes ni computadoras.
Ahora que se encuentra en la última etapa del embarazo, la joven se lamenta de que no podrá terminar la escuela. “No fui más a clases. No se si después vaya a estudiar otra vez, con el niño, tendré que cuidarlo», dice con resignación.
Según el artículo número 50 de la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y adolescente (Lopnna) «Todos los niños, niñas y adolescentes tiene derechos a ser informados e informadas, educadas y educados, de acuerdo con su desarrollo, en salud sexual y reproductiva para una conducta sexual y una maternidad y paternidad responsable, sana, voluntaria y sin riesgos». Pero muchos jóvenes como Sofía asisten a las escuelas y liceos de Siquisique, y en el resto del país, sin la posibilidad de recibir información que les sirva para planificar su familia. No hay programas de educación sexual que abarque esa población ni el estado Lara.
La falta de educación sexual en sus hogares y en las instituciones educativas es un gran problema, tal y como confirma Flor Ávila, docente y Magíster en orientación de la conducta especialista en sexualidad. «El tema de sexualidad es un tabú en muchos hogares. Las madres no saben cómo orientar a sus hijas, temen hablarles de sexo porque creen que pueden propiciar que sus hijas o hijos inicien una vida sexual sin control”, dice.
Ávila explica que, en muchos casos, tampoco las mujeres más adultas tienen idea de cómo enseñarles a sus hijas e hijos pues no tuvieron educación sexual cuando jóvenes. De esta forma les cuesta llevar el diálogo puertas adentro. Los padres, dice, no llevan la conversación por considerar que la responsable de eso es la madre.
Por otro lado, en el pensum educativo de Venezuela se excluyen materias que se enfoquen en la educación sexual, explica Ávila. «En las instituciones educativas públicas solo se toca el tema de relaciones sexuales, gestación, enfermedades de transmisión sexual y preservativos, en Salud o Biología”, dice. Agrega que estos se tratan de manera muy superficial. Si acaso le dedican un par de clases.
Otro aspecto que complica recibir la educación es que muchos docentes temen hablar de sexo en clases y no hay programas de educación sexual que se dirijan a las escuelas y liceos.
«En mis 30 años de labor educativa en instituciones educativas públicas, no he visto el primer organismo del Estado que vaya a la escuela o liceo a dar charlas de educación sexual”, dice la docente. Aunque sí ha tenido información sobre programas de planificación familiar pero llegan cuando ya las jóvenes están embarazadas o ya tuvieron a su primer hijo siendo adolescentes. “No de forma preventiva», añade.
La migración ha hecho que sus hijos e hijas crezcan sin apoyo. «Los padres se van a otro país y dejan a los niños con abuelos, con tíos, con padrinos o con hermanos mayores, que temen hablarle de sexo porque no saben cómo abordar el tema con un hijo que no es suyo», dice Ávila.
Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, en una entrevista para el portal Tal Cual, afirma que el pensum de educación nacional no se adecua a las realidades y a los nuevos requerimientos de los niños.
“Existe un rezago en temas, contenidos y enfoques como en el caso del tema de la sexualidad que no es priorizado”, agregando que esto aplica también para contenidos vinculados con tecnología, investigación e innovación.
Para Trapani, también es importante no solo hablar de educación sexual integral, sino incluir temas de diversidad sexual dentro de las instituciones educativas. “Pudiésemos o no estar de acuerdo, pero es una dinámica social que está ocurriendo y hay que informar a los niños y adolescentes de una forma adecuada y pedagógica para que entiendan que esto es algo que se van a encontrar. Y, en caso de necesitar asistencia especial, se hacen los enlaces para acompañarlos a ellos y sus familias”.
Mientras que, para Juan José Ponce, docente y actual Secretario General del Sindicato Venezolano de Maestros, no hay una formación para educadores sobre sexualidad. “En las universidades que enseñan educación no hay ni siquiera una materia obligatoria sobre el tema de educación sexual”, explica en la misma entrevista.
Con él concuerda Mercedes Muñoz, directora de Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (Avesa), quien a su vez afirma que actualmente no existen materias obligatorias en otras carreras que enseñen sobre educación sexual integral. Tampoco maestrías, doctorados, ni ningún tipo de especialización dentro de las universidades.
¿Cómo debe ser la Educación Sexual?
La educación sexual debe comenzar desde cuarto grado, según Ávila. Específicamente antes que las niñas vean su primera menstruación y de que los varones comiencen a ver a sus compañeras en esta etapa.
«Para ambos sexos, se les debe enseñar que es una relación sexual y sus consecuencias, como usar un preservativo, cuales son las opciones para prevenir un embarazo no deseado y cuáles son las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes. Si se comienza en la etapa primaria, en la secundaria, con más madurez, se pueden tocar temas más profundos y con más seguridad».
Para Mercedes Muñoz (Avesa) debe existir una ley sobre la inclusión de la educación sexual integral (ESI) y que no puede ser discrecional.
Muñoz afirmó para una entrevista de Provea que “en los países donde ha habido éxito en este tema de la educación sexual y reproductiva como derecho humano, han tenido una política sostenida y no hay nada que discutir, porque allí están los mejores indicadores, países como Dinamarca, Suecia, entre otros. En Latinoamérica, tenemos casos como Argentina que tiene un programa de ESI, sus indicadores no son tan exitosos como estos otros países, pero son mejores que los de Venezuela, cuyos indicadores son vergonzosos”.
Para Muñoz, es importante conversar sobre la educación sexual integral en las instituciones educativas, de manera creativa, como el uso de carteleras y dinámicas.
“Cuando explicamos qué es un beso, es educación sexual. Se puede hablar con los de 5to y 6to grado, sobre los femicidios, explicarles qué es, hablar sobre la violencia. Motivar a las niñas a participar en carreras y actividades que tengan que ver con la ciencia, por ejemplo. Compartir cómo es posible que las madres puedan cuidar a sus hijos y al mismo tiempo desarrollar sus vocaciones profesionales. Explicar sobre las relaciones sexuales cuando ya ellos comienzan a preguntarse sobre este tema y explicarles los peligros que hay con la pornografía”, asevera Muñoz.
*Para resguardar la identidad de la joven, usamos un nombre ficticio.