El embarazo adolescente en Lara: un reflejo de las carencias en salud sexual y reproductiva

La falta de información oportuna y veraz, de educación sexual integral, de acceso a métodos anticonceptivos, de orientación médica y psicosocial, los tabúes, la pobreza, y el abuso sexual son causantes de que más adolescentes sean madres sin desearlo.

Por Jennifer Orozco – 04/07/23

Foto: ElImpulso.com

Las jóvenes de Lara carecen de información sobre salud sexual y reproductiva. Los embarazos a temprana edad y en jóvenes de bajos recursos, llenan las salas de maternidad de los principales centros asistenciales públicos. Según cifras extraoficiales del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda de Barquisimeto, a diario, de 50 consultas de ginecobstetricia que se brindan, cerca de 30 pacientes son menores de 18 años y aproximadamente 15 de muy escasos recursos.

Para el 2018, última fecha de conteo de embarazos adolescentes en el estado Lara por parte de la Dirección de Salud regional, se presentaron 5 mil casos. Según el Colegio de médicos del estado Lara, no es una cifra que haya descendido en los últimos años, pues se presume que para 2022, más de 5 mil 500 muchachas dieron a luz en la entidad.

Para Estefanía Virguez, vivir en Barquisimeto, en una zona céntrica, no la excluyó de estas estadísticas. A los 16 años tuvo su primer bebé y ahorita con 18 años de edad, ha tenido tres abortos espontáneos y un legrado, sin control ginecológico constante y sin saber la razón de dichas perdidas.

«Yo tuve relaciones una vez que me escapé de mi casa. Tenía 13 años en ese momento. Me fui con un novio porque en mi casa somos humildes, solo trabaja mi papá que es mecánico y eso nos da para comer a mis hermanos y a mí. Pero ni siquiera pudimos seguir estudiando, yo sólo tengo sexto grado aprobado» relata.

La joven en la escuela primaria nunca tuvo información sobre sexualidad, embarazo ni enfermedades de transmisión sexual.

«Mi mamá no hablaba de eso en la casa y mi papá menos, solo nos decían que el día que saliéramos con una barriga nos teníamos que ir con el papá del bebé porque en la casa no había plata para cuidar muchachos».

Pero eso no pasó. Estefanía salió embarazada a los 16 y se quedó en su casa porque el papá de su hijo no respondió por el bebé.

«Yo pensé que a lo mejor no iba a quedar embarazada nunca porque aprendí de mi primer novio que si se detenía antes de terminar la relación sexual (coito interrumpido) no quedaba embarazada. Pero mi siguiente novio no hacía lo mismo y quedé embarazada muy rápido. Nunca le pedí que usara condón, los había visto, pero son muy caros para yo comprarlos y él tampoco lo hacía», dice. 

Entre los altos costos de los métodos anticonceptivos y la poca información sobre su uso, adolescentes y jóvenes están no solo propensas a embarazos no deseados, sino además a enfermedades de transmisión sexual.

«Tuve a mi hijo hace dos años y todo estaba bien. Al año salí embarazada otra vez y lo perdí antes de ir al médico. Después de unos meses me pasó lo mismo y tampoco fui al médico. Pero ahora, me volví a enterar de que estaba embarazada y logré llegar al control del ginecólogo. Me hicieron un curetaje porque el bebé murió dentro del vientre y el doctor dijo que estaba en riesgo, que tenía anemia, desnutrición y además una enfermedad de transmisión sexual, que debo tener tratamiento y evitar quedar embarazada».

Estefanía no especifica qué enfermedad de transmisión sexual tiene, asegura que no entendió muy bien lo que le dijo el doctor. Ella busca auxilio en las entidades públicas, para hacerse exámenes y tener un control ginecológico continuo, pero hasta ahora no ha tenido respuesta.

Hasta 2017, el ambulatorio Gualdrón, ubicado en el centro de Barquisimeto, brindaba planificación familiar gratuita a adolescentes y jóvenes de bajos recursos. Pero en este momento no están brindado esta ayuda, tampoco charlas de educación sexual. Sus trabajadores se niegan a declarar y aseguran que el programa no se ha acabado, pero que están esperando autorización de la Gobernación de Lara para reactivarlo.

Susana Romero, coordinadora psicosocial y legal de la Asociación Civil sin fines de lucro para la Planificación familiar (Alaplaf) que además promueven los derechos de las mujeres, hombres y adolescentes, explica que todavía ellos ejecutan programas de planificación familiar para jóvenes de ambos sexos, en las comunidades, pero no son todos los meses.

“En Alaplaf existen algunos programas que exoneran el costo de la planificación familiar, solo que estos no funcionan todos los meses, va a depender de los proyectos que tengamos activos”, dijo.  

Los programas que Alaplaf lleva a las comunidades ejecutan actividades de prevención, informando a las jóvenes acerca de métodos anticonceptivos y la importancia del autocuidado de las mujeres.

Pero para Romero, las causas de los embarazos adolescentes y no deseados van mucho más allá de la ausencia de programas de educación sexual. Explica que en Alaplaf han detectado a través de estadísticas la falta de información oportuna y veraz, falta de educación sexual integral en las instituciones educativas públicas, falta de acceso a métodos anticonceptivos, falta de orientación médica y psicosocial acerca de los cuidados de los métodos, tabúes sobre la salud sexual y reproductiva, pobreza, abuso sexual entre otras.

Anticonceptivos fuera de su alcance

Estefanía asegura que cuidarse no es tarea fácil, pues todos los métodos anticonceptivos recomendados tendrían que pagarlos y el dinero que gana actualmente, con su trabajo limpiando casas de familia, no le alcanza más que para comer.

«Me dijeron que la alcaldía me podía ayudar a ponerme el aparato que se pone en el brazo, pero parece que eso es por jornadas y no han hecho otra. Me recetaron pastillas anticonceptivas, pero ahorita no tengo dinero para comprarlas».

En Barquisimeto, las pastillas anticonceptivas están entre 93 y 550 bolívares dependiendo de su composición química y el laboratorio farmacéutico de fabricación. Estas jóvenes ven cuesta arriba el controlarse con este método. Los preservativos también están entre 64 y 115 bolívares.

Susana Romero de Alaplaf, reafirma las condiciones que revela Estefanía, las necesidades del venezolano son otras por encima de adquirir o buscar cualquier método anticonceptivo.

“El acceso a los anticonceptivos es sumamente difícil por dos razones principalmente. La primera es el alto costo de la vida en Venezuela, donde se prioriza la alimentación sobre cualquier otra necesidad, la segunda es que los pocos lugares públicos donde los ofrecen de manera gratuita no dan la debida orientación acerca de los usos y riesgos”.

En el informe “Mujeres que resisten: Sobrevivir a una Venezuela en crisis”, publicado por la Red de Mujeres Constructoras de Paz en 2022 demuestra que aun cuando existe disponibilidad de anticonceptivos en el mercado, sus “altos precios son prohibitivos” para la mayoría de las mujeres de escasos recursos.

Una de las cifras más alarmantes de este informe, es la que revela que el 70% de las encuestadas no utiliza ningún tipo de método anticonceptivo. El otro 26,6% de las consultadas indicó usar anticonceptivos. Además, el 40% de las encuestadas aseguró no tener acceso a productos para la gestión menstrual.

También, el 70% de las consultadas aseguró haber obtenido algún tipo de educación sexual ya sea en casa o en escuela, a través de conocidos o familiares, pero en el país no existe ni un solo programa gubernamental enfocado en promover la educación sexual integral.

La censura, el mayor obstáculo

María Inés Camacaro tiene 25 años de edad y asume que le da vergüenza comprar cualquier método anticonceptivo. Ella es del caserío Las Brujas, parroquia Agüedo Felipe Alvarado del municipio Iribarren, un sector rural, donde se dedican a la cría de chivos y a la siembra de piñas.

«Una vez recuerdo que la Cruz Roja nos visitó en el liceo y nos hablaron sobre el VIH y las enfermedades de transmisión sexual. Nos dieron condones y yo los metí en el bolso del liceo. Cuando llegué a mi casa, mi mamá revisó el bolso y los vio, me echó ‘una pela’, y más nunca hablamos de eso», relató. 

María terminó de estudiar bachillerato y se enamoró. Esta situación llegó a su vida y María no tenía ningún conocimiento certero de los métodos anticonceptivos. «Me vine a Barquisimeto con mi novio y una vez salí embarazada, tenía 17 años. Nunca nos cuidamos de nada”, contó. 

Después de dar a luz María le decía a su pareja que comprara condones, pero su pareja le contestaba que él no estaba interesado en cuidarse. La joven quedó embarazada por segunda vez a los dos años de tener a su primer hijo. 

«Después de mi segundo hijo quería evitar tener relaciones sexuales para no volver a quedar embarazada. En ese momento mi pareja se puso violento, comenzamos a tener problemas y me fui de la casa», narró. La única forma en la que María ha evitado un embarazo es dejando de tener relaciones sexuales. 

La prevención es la clave

Además de resaltar que la misma frase “embarazo no deseado” lo dice todo, pues las madres adolescentes o muy jóvenes no están preparadas para la maternidad, esta temprana gestación puede traer diversos riesgos, según explica Susana Romero de Alaplaf.

“En el área social podemos nombrar la deserción escolar, la estigmatización, la discriminación, acceso limitado al área laboral. A nivel económico, tienden a estar en riesgo de pobreza y hacinamiento. A nivel psicológico pueden desarrollar depresión post parto, ansiedad, desmotivación y baja autoestima”.

Pero la prevención de estos embarazos adolescentes sigue siendo la clave para poder superar estas estadísticas negativas, destacando Romero que los programas de planificación familiar, como los que ejecuta Alaplaf en el estado Lara, son una herramienta importante para jóvenes de ambos sexos.

“La planificación familiar y los programas de educación sexual, pueden ser una de las medidas para prevenir el embarazo adolescente, además pueden promover la posibilidad de tener adultos jóvenes con proyectos de vida y planificación familiar, estabilidad emocional, menos desarrollo de enfermedades de transmisión sexual”. 

Romero destaca que solo con educación no se previenen los embarazos no deseados. La educación sexual debe estar acompañada de políticas públicas orientadas a la salud sexual y reproductiva, tanto para mujeres como para hombres y además garantía de Derechos sexuales y reproductivos a través de programas de salud para toda la población, de la mano de un equipo multidisciplinario que dé orientación constante.