Sanar a otros sin sanarse: trabajadoras del sistema no acceden a la salud

Salarios precarios, falta de insumos en centros médicos y las responsabilidades en el hogar dificultan el cuidado de las trabajadoras del sistema de salud 

Por Angélica Ropero – 10/07/23

En Venezuela, durante estos últimos años, las protestas de los trabajadores de la salud por los bajos sueldos y las condiciones laborales a las que están sometidos han sido unas de las noticias más recurrentes; lo que pone en evidencia un problema que acumula tensiones en el sector y al que no se le ha dado respuestas desde el gobierno nacional.

Producto de la crisis política y económica uno de los gremios más afectados es el de la salud pública, ya que no solo los trabajadores se enfrentan a problemas de ingresos, sino también a la falta de insumos como los medicamentos, instrumentos de trabajo e incluso a problemas graves de infraestructura en las entidades hospitalarias donde luchan, día a día, para cubrir la constante demanda de atención médica. 

Tal es el caso de una trabajadora pública del sector salud del estado Sucre, al oriente del país, a la que nos referiremos como Rosa, ya que ha pedido mantenerse en el anonimato. 

Su odisea empezó en 2017, cuando fue diagnosticada con una trombosis del seno cavernoso, que es la dificultad de paso de fluidos en el ojo. Posteriormente, se le sumó un tumor en el útero de naturaleza cancerígena, agravando aún más su situación. 

“En aquel momento no había los medicamentos en el hospital, tenía que comprarlos en particular y eran carísimos, una sola ampolla en el 2017 costaba 30 bolívares y eso estaba fuera de cualquier presupuesto (salario integral ese año llegó a 250.531 bolívares), no había dinero, no había comida, no había nada”, relata. 

“O te mataba la enfermedad o te mataba el hambre. O comías y te morías de la enfermedad, no había opción”, asegura la licenciada.

Pero una grave crisis económica y un bajo salario no eran los únicos problemas que tendría que enfrentar esta trabajadora en su lucha por recuperar la salud. 

Rosa se vio seriamente afectada por la falta de insumos en los centros de salud pública y la falta de empatía del personal de salud que, aun siendo compañeros de trabajo, en varias ocasiones le cerraron las puertas cuando solicitaba atención. 

“Hay muchos empleados que se quejan de que a veces no reciben un buen trato, el trato humanitario que debería ser. Lamentablemente, eso pasa mucho, es más común ver actos de compañerismo entre los empleados de una misma área”, afirma la Presidenta del Sindicato de Enfermería de Sucre, Sol Rodríguez.

Aunque sortear estas dificultades no fue tarea fácil, eventualmente y con la ayuda de muchas personas importantes en su vida, Rosa pudo salir adelante y mejorar aunque  quedó padeciendo ciertos malestares.

Revivir la crisis 

La parte más ruda de la crisis que se vivió entre 2016 y 2018 pasó y podría decirse que incluso algunas cosas en su núcleo familiar vieron mejoría. Pero hace poco, la licenciada se vio afectada por un sangrado repentino y malestares abdominales que le resultaron familiares.

Ante la sospecha de reaparición de otro tumor cancerígeno en el útero, empezó a movilizarse para ser atendida de inmediato, tropezando, de nuevo, con los mismos problemas que años atrás dificultaron tanto su recuperación. 

“Si el laboratorio tiene existencia para hacerle los exámenes se le hace. Los estudios costosos como las tomografías o ecosonograma (ultrasonido) de cualquier tipo, tienen que pagarlo en clínicas porque el hospital y muchos centros de salud no cuentan con esos exámenes”, asegura Sol Rodríguez del sindicato. 

También relata que los exámenes obstétricos se hacen mayormente en centros privados. Por eso considera que las mujeres la tienen aún más difícil. “Aunque hay ginecólogos muy bien preparados, contamos con los profesionales, pero no hay el material para atender”, dice.  

Es así como, después de empezar a tener síntomas a principios de este 2023, han pasado más de cinco meses en los que Rosa aún no ha conseguido un diagnóstico específico ni orden para operación ni control sobre su problema más allá de analgésicos y otros tratamientos a corto plazo mientras termina el proceso de estudio de la enfermedad. 

Por otra parte, los estudios y tratamientos no son los únicos que cuestan; el mercado mensual, el pago de colegiatura y los otros gastos que debe llevar como madre soltera hacen mella en su economía, cuando su sueldo, entre bono de guerra económica, quincena y cesta ticket solo rozan 90 $ mensuales.

“Lo primero es buscar el dinero, moverme, movilizarme porque no es fácil. Es un estudio sumamente costoso, por lo menos aquí en Cumaná hay partes donde una tomografía cuesta 340 $ y es difícil porque si tú tienes un sueldo que no te llega ni a 100 $, ¿cómo consigues esas cantidades para un solo estudio?”, relata. 

Es así como, de nuevo, la licenciada debe buscar por todos los medios posibles su pronta atención, ante la falta de respuesta de una entidad a la que le ha dedicado más de nueve años de servicio; evidenciando que en Venezuela las trabajadoras de salud ven imposible atenderse en el ámbito ginecológico u obstétrico sin dejar de cubrir sus necesidades de alimento o mantenimiento del hogar. 

“No voy a generalizar, porque si he logrado tener apoyo, pero ¿si un trabajador de salud se enferma quién lo atiende? Entonces, creo que el personal de salud es prioridad, que alguien del cuerpo llegue y necesite una referencia médica, no deberían ponerlo a esperar seis, cuatro, cinco meses para ver  al especialista, no. Porque nosotros somos la primera línea de defensa”, opina. 

La mayoría de sus compañeras tienen que valerse de trabajos alternos a los del hospital, pues es muy difícil mantenerse y a sus hijos con el sueldo que ganan; todo esto sin meter gastos por enfermedad. 

“Un eco simple son 15 $, citas con especialistas, los Rayos X que casi nunca funcionan y en su mayoría los médicos los rechazan pidiendo exámenes de otros lugares, cualquier examen que exceda lo que se gana ahí es imposible de conseguir si solo trabajas en la parte pública. Ni siquiera siendo personal de salud”, afirma Rosa. 

No es una tarea sencilla encontrar un equilibrio entre las necesidades y la atención de una enfermedad que podría evolucionar en algo tan grave como su primer tumor, el cual solo vio mejoría mediante una operación en la que le extrajeron parte de su útero.  Por lo pronto, mediante mucha investigación y ahorro, Rosa dio con un lugar para realizarse una tomografía y confirmar que se trata de un quiste esta vez. 

Algo que si bien es menos grave que un tumor, requiere igualmente de tratamientos costosos, exámenes que deberá realizarse en centros médicos privados y consultas con especialistas que están fuera de su presupuesto. 

“El sistema de salud debería proteger en ese sentido a los empleados. Deberíamos tener un buen seguro y una buena atención, deberíamos contar con todo el apoyo tanto humano como de insumos de medicamentos para tener una buena atención. Y esa es una de nuestras luchas”, asegura la sindicalista Sol Rodríguez. 

Asimismo, hace referencia a que desde el gobierno se ha abordado la crisis con la creación de bonos, pero dice que estos no tienen incidencia en el salario. Este problema incide directamente en los tratamientos de enfermedades, tanto graves como comunes dado que los trabajadores se enfrentan al dilema de “comer o atenderse».

La carga laboral son 120 horas mensuales, 36 horas semanales y muchos de estos empleados se mantienen activos por vocación y por proteger el puesto de trabajo al que le han dedicado tanto esfuerzo y tiempo. Según cifras proporcionadas por la sindicalista, nada más en el área de enfermería hay un déficit de 1800 profesionales, ya sea porque algunos renunciaron como si se fueron del país. 

“Las protestas de estos últimos tiempos son en toda Venezuela, aquí en el estado Sucre no hay tantas como debería. Lo que se ha visto más que todo son acciones unidas de educación y salud. Están protestando desde el 8 de enero, ya van cerca de  30–40 protestas”.

Algunas de ellas reseñadas por medios digitales como El Tiempo, cuya cobertura a principios de enero de 2023 permitió conocer el punto de vista de Pedro Carvajal, representante del gremio de bioanalistas.

“Lo que exigimos en este momento a las autoridades de Fundasalud y a nivel nacional es que nos permitan tener los insumos necesarios para cumplir con nuestro trabajo”, afirmó.

Si bien el trabajo de los profesionales de la salud nos deja saber que ellos no se rinden en su labor, es difícil dilucidar el final de camino. 

Actualmente, Rosa sigue en busca de los recursos para mejorar su salud, ya que su objetivo es seguir trabajando en el hospital y  brindarle una mejor calidad de atención a las personas que llegan en busca de un alivio para sus dolencias en un, cada vez más, deteriorado sistema de salud público que mantiene su funcionamiento pese a todo.