Tendedero de Testimonios: una herramienta en contra de la violencia de género
En el estado Portuguesa, al centro occidente de Venezuela, la Asociación Civil Gurrufio, dedicada a la formación y sensibilización sobre violencia por razones de género, ha practicado una innovadora metodología para incentivar a las mujeres de comunidades vulnerables a narrar sus experiencias de violencia
Unas 70 mujeres han colgado sus historias de violencia en un tendedero como si se tratara de trapos recién lavados. Pero no se trata de un simple tendedero en el que las prendas de vestir se mustian con el sol, es el Tendedero de Testimonios de Violencia Basada en Género.
En los barrios Durigua II y Durigua III, El Samán, Brisas del Paraiso, 12 de Octubre y Algodonal, al centro occidente venezolano, siete comunidades vulnerables de Acarigua Araure, en Portuguesa, se genera este tendedero, una estrategia impulsada por la Asociación Civil Gurrufio para que las mujeres cuenten los eventos de violencia vividos a lo largo de sus vidas.
“Es una herramienta que utilizamos desde inicios de 2022 en los encuentros de formación de mujeres realizados en comunidades vulnerables para que éstas cuenten y registren su experiencia, a la vez que la organización va alineando, en cada caso, una solución para que la situación de violencia vivida no se repita jamás”, cuenta María Teresa Piñero Suárez, lideresa comunitaria y promotora de esta metodología en en el estado Portuguesa.
Piñero Suárez se ha valido de esta herramienta para descubrir el mundo vulnerado de sus compañeras porque le preocupa la cifra de femicidios registrada por Gurrufio en Portuguesa, su entidad. “Es algo muy dramático lo que nos ha sucedido en plena pandemia por la Covid-19″, argumenta.
Según su conteo, desde el 1 de enero al 30 de noviembre de 2021 hubo 258 femicidios consumados en Venezuela. Asimismo, Piñero Suárez informa que ocurrieron 78 femicidios de mujeres venezolanas en el exterior; mientras que Portuguesa cerró con 9 femicidios y 3 en grado de frustración.
De enero a abril de 2022, de acuerdo al monitoreo llevado por el Observatorio Digital de Femicidios, se han contabilizado aproximadamente sesenta y nueve (69) femicidios consumados y veintisiete (27) en grado de frustración, rememora la especialista para ilustrar la importancia de su metodología.
María Teresa Piñero Suárez está consciente de que desprenderse de la experiencia de maltrato y plasmarla en un papel, para luego compartirla, no resuelve en gran medida el problema de la violencia basada en género. Pero está segura de que ayuda a perfilar un camino claro para ayudar a las víctimas.
Quien dirige esta actividad está consciente de que se requiere de acciones formativas – educativas para empoderar a estas mujeres de sus derechos humanos, para que conozcan y reconozcan cuando se encuentren inmersas en estos ciclos de maltrato y para que sepan dónde acudir para denunciar.
Y es aquí donde la activista valora su herramienta. En la realización de talleres sobre Prevención de Violencia Basada en Género y Derechos Humanos de la Mujer, desarrollados este año, ella incorporó la estrategia del Tendedero de Testimonios, mediante la cual las participantes exponen sus vivencias personales de forma anónima. Las escriben en un papel de colores y las cuelgan en una cuerda dispuesta para ello.
¿Qué muestra el tendedero?
Entre los hallazgos prevalece la violencia psicológica, verbal, moral, física y patrimonial, en su mayoría; esta última como consecuencia de la dependencia con el victimario.
En este contexto, Gurrufio ha insistido ante las autoridades sobre la urgencia de activar una línea de llamadas telefónicas de emergencia para aquellas mujeres que se encuentre lejos de los órganos receptores de denuncias, o no puedan movilizarse por falta de transporte o, inclusive, porque el victimario las tenga secuestradas.
Otro punto en el que insiste la asociación es la creación en Portuguesa de un programa de atención para sobrevivientes de violencia. «Las instituciones no cuentan, siquiera, con un registro de estos casos, y esto es muy doloroso «, explica Piñero Suárez.
Desde ese espacio abogan por iniciativas locales para la protección de los hijos e hijas que crecen en entornos de violencia, pues siempre están expuestos a situaciones de maltratos y vida indigna.
La violencia basada en género debe ser considerada un asunto de salud pública. Es un tema que debe ser considerado prioritario para la agenda pública nacional, regional y local, sostiene mientras lamenta que cada día se cierran más espacios ciudadanos para el debate de este fenómeno social.
ONU Mujeres destaca para la fecha en su portal web que, a nivel global, se estima que 736 millones de mujeres -alrededor de una de cada tres- ha experimentado alguna vez en su vida violencia física o sexual por parte de una pareja íntima, o violencia sexual perpetrada por alguien que no era su pareja (el 30% de las mujeres de 15 años o más).
Según el informe “Hechos y cifras: Poner fin a la violencia contra las mujeres”, estos datos no incluyen el acoso sexual, pero algunos estudios nacionales muestran que la proporción puede llegar al 70 por ciento de las mujeres.
Las tasas de depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no planeados, infecciones de transmisión sexual e infección por VIH son más altas en las mujeres que han experimentado este tipo de violencia en comparación con las que no la han sufrido, así como muchos otros problemas de salud que pueden durar incluso después de que la violencia haya terminado, refiere el texto.
Las mujeres tenemos poder
«La esperanza de superar la violencia está en nosotras mismas, en el empoderamiento por la defensa de nuestros derechos», relata María Teresa Piñero Suarez al concluir su taller en Durigua. Allí quedó contado las piezas del tendedero de testimonios.
María Cristina Malpica, una de las mujeres que colgó su testimonio en el tendedero de Durigua, cree que empoderarse es algo difícil cuando no se cuenta con incentivos. “No estamos motivadas y vivimos en lugares donde no hay ley que nos proteja, y si la hay no se hace cumplir”, sostiene.
Respecto de la legislación sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, ONU Mujeres documenta que al menos 158 países han aprobado leyes sobre la violencia en el ámbito doméstico, y 141 cuentan con legislación sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo. Sin embargo, aun en los países en los que existen leyes de este tipo, no siempre son armonizadas con las normas y recomendaciones internacionales, y tampoco se aplican y hacen cumplir.
Sobre esta perspectiva legal, el Centro de Justicia y Paz publicó un artículo en su portal donde se afirma que si bien en Venezuela existe una ley específica para hacer frente a la violencia por razón de género, es deficiente su aplicación por no contar con un reglamento que desglose los términos de la ley y permitan una interpretación y aplicación acertada.
Un futuro posible
Frente a la realidad esbozada por Cepaz, Gioconda Mota Gutiérrez, Coordinadora Nacional de Violencia Basada en Género, UNFPA, ya había advertido sobre un futuro posible para vencer las dificultades en la inacción u omisión del Estado frente a la violencia contra la mujer. En noviembre de 2020, con motivo del día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, disertó en el foro “Femicidio: ¿Cómo avanzar hacia la erradicación de la muerte trágica de mujeres por razones de género?” organizado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Venezuela.
Según la experta, la violencia basada en género y los femicidios siempre se pueden prevenir, lo que necesitamos son grandes voluntades para trazar líneas que enfrenten esta problemática.
“Efectivamente, se pueden desarrollar medidas, acciones, políticas públicas, procesos de sociabilización humana a través de la educación, la cultura y los medios que contribuyan progresivamente con la desnaturalización que existe de manera generalizada de la violencia basada en género y el femicidio. El mayor desafío para nuestro país es sumar voluntades y construir sinergias que tracen rutas en esta dirección”, subrayó.