L                                                               os vetos se hicieron acompañar por acciones de amedrentamiento y hostigamiento como control social de los periodistas, quienes temerosos han escogido el silencio como salvoconducto hacia un terreno más seguro y de menos riesgos.

Con más agudeza que el año anterior, la autocensura sirvió de licencia ante diversas circunstancias para los periodistas a lo largo de 2016: para no exponerse a amenazas contra la seguridad  o integridad física (34%); para no afectar a un inocente (33%); y para no delatar a una fuente (30%). También fue un salvavidas para librar su responsabilidad informativa y evadir su misión dentro de la sociedad, pues 25% alegó que se quedó callado de manera voluntaria, porque de todas maneras el medio no iba a publicar la información.

Esta razón convierte al periodista en cómplice en este círculo de la censura, ante la evasión de la esencia de su oficio y por su vulnerabilidad dentro del propio medio y frente a las fuerzas de poder para defender su trabajo. Los periodistas también alegaron que tomaron la vía del silencio para evitar posibles amenazas estatales (25%) y sanciones normativas (23%).

Así se ha llegado a instaurar la autocensura, no solo como anomalía sino como decisión voluntaria y sin presiones, como una elección cotidiana, normal, sin conflictos. Es la vía que tomaron los periodistas, camino al silencio como catalizador -pero también detractor- de su oficio.  

Entre los motivos que conducen a la autocensura, los periodistas alegaron asuntos que restringen su posibilidad para expresarse, su libertad personal, así como la criminalización de su oficio y las acciones de vigilancia y la retaliación política.

De los 252 consultados, 42% dijo que se autocensuraba ante amenazas u hostigamientos; 36% alegó el miedo a posibles amenazas de acciones legales; y 33% refirió los procedimientos judiciales abiertos contra otros medios y periodistas. Esto demuestra que aunque las demandas han sido aplicadas de manera selectiva contra dueños de medios y editores, principalmente, infunden miedo en los periodistas y los hace resguardarse en el silencio, por elección personal.

Surtieron un efecto inhibidor las medidas de censura contra otros medios privados nacionales y regionales (31%), así como la privación de libertad de ciudadanos por expresión en medios y redes sociales (29%).

La agudización del Estado policial en Venezuela también infringió los principios del periodismo. Al menos, 28% de los periodistas refirió, entre los motivos de la autocensura, las acciones de seguimiento e inteligencia policial contra quienes ejercen labores informativas. También, 27% señaló las presiones forzadas por alguna fuerza de poder, así como las descalificaciones constantes en medios estatales, privados y comunitarios (24%); y las acusaciones del gobierno en las que se califican a los periodistas como “terroristas” (24%).

Destacaron las razones del silencio como opción voluntaria en el oficio del periodismo por la aplicación de penas por difamación e injuria (23%); la intervención ilegal de las comunicaciones personales, correos y redes sociales (21%); y la aplicación de restricciones para el acceso y la expresión en internet (21%).

Entre las motivaciones políticas de la autocensura resaltaron los despidos de columnistas y periodistas por razones político-partidistas (16%); y el cambio en la propiedad de los medios de comunicación privados (15%).

Autocensura
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